Italia primitiva y Etruria

ITALIA PRIMITIVA
Alrededor del 2.000 a.c. toda la península italiana estaba atrasada con respecto a las civilizaciones del cercano Oriente como Egipto y Persia. Estaba poco poblada por los ligures en el Norte y los sículos en el Sur y se limitaba a una serie de aldeas pequeñas de chozas que se limitaban a sobrevivir, cultivando la tierra, pastoreando y luchando continuamente contra las aldeas vecinas, la frase “lucha y subsiste o muere” nos da una idea exacta de la realidad.
En oleadas sucesivas, tribus procedentes del interior del continente europeo en su peregrinaje en busca de tierras más ricas, se fueron asentando en los países ribereños del Mediterráneo introduciendo algunos avances en agricultura y ganadería, los conocimientos para trabajar los metales y la construcción de murallas de tierra y barro para defenderse. Se pasa a la cremación de los muertos en urnas, un desarrollo y transformación de la metalurgia y un gran aumento en el comercio interior y exterior. Aquellos que se aposentaron en la península italiana se les llamó villanovenses y crearon una pequeña civilización de la que más tarde derivaron la raza, costumbres y la lengua de los pueblos asentados alrededor de la que más tarde sería Roma, los sabinos, latinos, umbros, volscos y samnitas.

ETRUSCOS
Más tarde, allá por el año 1.200 a.c. un pueblo que se autodenominaba los rasenna, llamados tyrrenoi por los griegos (de ahí el nombre dado al Mar Tirreno entre Córcega, Cerdeña y la costa italiana) y que conocemos mejor como los etruscos, se asentaron en lo que hoy día en Italia es la Toscana ( los romanos les llamaron tusci y de ahí el nombre de Toscana) al norte de Roma, entre el río Tíber y el río Arno que pasa por Florencia y Pisa. Consolidaron su posición en los mismos pueblos villanovenses tal como la arqueología nos ha mostrado y se denominó Etruria y desconocemos su procedencia. En los últimos trescientos años el origen de este pueblo se ha convertido en uno de los más grandes retos, y son varias las hipótesis que se barajan. La mayoría de los expertos creen que provenían del Asia Menor o del interior de Europa (en lo que hoy es Suiza y el Tirol ( antiguamente la Retia), zona en la que se hablaba el etrusco tal como lo cuentan los clásicos y, tras rebasar los Alpes pudieron asentarse en Toscana). Dionisio de Halicarnaso considera a este pueblo autóctono y desmiente a Herodoto, que nos indica el origen lidio o meonio (reino de Lidia en Asia Menor) que a causa del hambre en este reino, uno de los dos hijos del rey Atis, Tirreno, como guía de una parte del pueblo lidio, emigraron hacia Occidente hasta llegar a lo que hoy es la Toscana donde se asentaron formando la nación etrusca, Tucídides acepta una relación entre los piratas lidios y los etruscos como pertenecientes al pueblo pelasgo, nómadas que desde lo que hoy es Yugoeslavia y vía marítima se extendieron por algunas zonas bañadas por el mar Adriático. Si hemos de ser sinceros, el origen de los etruscos es desconocido por lo que todo son hipótesis que no se podrán dilucidar, posiblemente hasta que se consiga traducir la gran cantidad de inscripciones en lengua etrusca que siguen sin poder ser traducidas e interpretadas.
El hecho de que uno de los posibles orígenes de este pueblo pudiera ser el Oriente Próximo (Lidia) viene avalado por el estudio de la escritura etrusca. Ésta era similar a la de las razas semíticas, con escritura de derecha a izquierda, omisión de vocales breves y duplicación de consonantes. Esto lo podemos comprobar en una de las pocas inscripciones traducidas de los etruscos, se trata de las tablas de Igubio, llamadas Tablas Eugubinas, decretos sacerdotales que datan del siglo II o I a.c. y escritas en latín y etrusco.
Ehvelklu feia frateks ute kvestur pauta muta adfertoi si, pauta muta fratru attiediu mestru karu pure ulu benurent.....

Pero en definitiva, aunque desconozcamos el origen de los etruscos, indoeuropeos o asiáticos, fue en la península italiana donde comenzaron, desarrollaron y dieron a conocer su civilización a los pueblos vecinos de Italia. La presencia de los etruscos se extendió por casi toda Italia, desde los Alpes hasta el Tiber y Campania, e incluso su área de dominio en los primeros tiempos de conquista, si hacemos caso a lo indicado por Tito Livio y Catón, hasta el estrecho de Mesina ( entre la costa italiana y Sicilia). En esta época de conquistas, allá por el 800 a.c., comenzaron a dominar la zona comprendida entre el Tiber y el Arno y a partir del siglo VI a.c. la Campania y atravesando los Apeninos, todo el valle del Po. Los griegos aún estaban en los comienzos de su colonización del sur de Italia y aún no se había establecido una fuerte rivalidad.
Siguieron la modalidad griega de ciudades-estado, edificadas en el interior de la península itálica y poco a poco la rivalidad entre estas ciudades a pesar de las coaliciones federativas de las dodecápolis, provocó su debilidad aprovechada más tarde por los romanos, que pudieron dominarles ciudad a ciudad, al no poder aliarse y crear un frente fuerte y común. Poco a poco, se fue perdiendo este vínculo de unión y cada ciudad comenzó a arreglar y tratar sus diferencias o contiendas fronterizas de forma particular, pues parecía imprudente empeñar a toda Etruria en la defensa de uno solo de sus pueblos.
Mientras los etruscos estaban instalados en la mitad norte de Italia, otros pueblos avanzados, penetraban desde Oriente. Los fenicios, procedentes de lo que hoy es el Líbano, eran grandes comerciantes y colonizadores, y habían establecido asentamientos comerciales a lo largo de todas las riberas del Mediterráneo. De todas las colonias que fundaron en la costa africana, una de ellas en el 814 a.c.a la que llamaron Cartago, situada cerca de la actual ciudad de Túnez, con el tiempo se convertiría en el mayor enemigo de Roma.
En Grecia, se estaba creando una gran civilización y las diferentes ciudades-estado de ésta, comenzaban a colonizar todo el Mediterráneo a causa de la pobreza de sus tierras. Los calcidios (su ciudad era Calcis en la península calcídica ) fueron los primeros que colonizaron Sicilia e Italia a fin de asegurarse el suministro de metales procedente de la isla de Elba, siguiéndoles a continuación los peloponesios, megarenses, corintios y jonios.
Todo el Sur de Italia y la isla de Sicilia conocieron los primeros asentamientos, entre ellos los más importantes serían Cumas en la Campania sobre el 770 a.c., Siracusa en
Sicilia en el 734 a.c. y Tarento en la parte sur de la bota italiana en el 707 a.c.. En cien años, todo el sur de Italia sería la parte más floreciente de Italia y posteriormente conocida como la Magna Grecia.
Los etruscos formaban ligas de doce ciudades (dodecápolis como las de Campania que eran Vulturno luego llamada Capua, Nola, Acera, Pompeya, Herculano, Nocera, Calatia, Teano, Cales, Suersa, Esernia y Atella), reunidas por lazos de federación, y en circunstancias especiales o fiestas nacionales o religiosas, se congregaban bajo la presidencia de un sumo pontífice máximo ( en la federación de Campania se reunían en el templo de Vulturno, cerca del lago Volsena para tratar temas e intereses comunes, como elegir un líder militar, al que ayudaban 12 lictores, uno de cada ciudad, con sus varas o fasces terminadas en un hacha). Cada una de esas doce ciudades poseía una extensión de terreno muy amplia e imponía sus derechos políticos sobre las aldeas y villas de su entorno. En estas ciudades dominaba el orden sacerdotal de los lucumones, éstos pertenecían a las familias patricias de mayor abolengo y actuaban como guías espirituales, ostentando el poder político, religioso y científico de la ciudad.
La mayor riqueza y posiblemente base de su gran expansión se debió a la metalurgia gracias a las minas de hierro y cobre existentes en la isla de Elba y la industria metalúrgica de la zona comprendida entre las ciudades de Populonia y Vetulonia en la costa septentrional de la Italia etrusca. Conocemos la cultura y el grado de civilización de este pueblo, gracias a las excavaciones realizadas en los últimos trescientos años, que era muy superior a lo que existía en toda la parte norte de Italia, dominaban la ingeniería y la arquitectura, y además era un pueblo sumamente religioso como lo confirman sus tumbas y las prácticas religiosas y sociales que fueron luego introducidas por los romanos como suyas. Disponían de ciudades excelentemente edificadas y edificios sólidos en los que aplicaban el arco.
Tras las tensiones producidas con los griegos, en el siglo VI a.c. y aliados de los cartagineses en las batallas navales de Alalia en Córcega, de la que solo sale beneficiada Cartago, y la de Cumas ( en la costa de Campania a la altura de la Nápoles actual) contra la ciudad griega de Siracusa ( Sicilia) que pierden, comienza el declive etrusco. Con la entrada de los samnitas y sabinos en Campania y los galos en el valle del Po, a finales del siglo V a.c., los etruscos solo conservaban la Toscana y la ciudad de Bolonia en el Po. Más tarde, las pérdidas de Veyes y Ceres a manos de los romanos, de Clusium por los galos y otras ciudades menores no sirvieron de lección y poco a poco, resignada a permanecer bajo la hegemonía de Roma por el Sur y de los galos por el Norte, aparte del levantamiento junto con los samnitas que acabó en derrota, evitó luchar contra el destino (los arúspices o augures etruscos habían predicho según los cálculos de su teología astronómica que el mundo actual no iba a durar mas que ocho veces 1100 años y el fin estaba próximo) y se resignó a vivir sin lucha pero manteniendo el lujo y el amor por las artes, intentando distraerse de la pérdida de su libertad, adornando sus ciudades y sus necrópolis.
Este pueblo desempeñó posiblemente el papel más importante en la futura civilización que se iba a gestar, no por las ideas ya que no dio nada al pensamiento humano, sino por su concepción utilitaria de la vida y la influencia que ejerció en los romanos. Su doctrina augural e interpretación de los signos que anunciaban el deseo de los dioses era interpretada por los arúspices o augures que adivinaban la voluntad de los dioses a través de víceras de animales, de los truenos y los relámpagos ( la credibilidad de los augures fue enorme, y hasta se cuenta que ya en pleno siglo V d.c. y ante la inminente amenaza de los ejércitos de Atila sobre la ciudad de Roma, el senado romano pidió
consejo a los arúspices de origen etrusco que existían todavía). Era un pueblo fundamentalmente religioso como se prueba por las necrópolis halladas con panteones impresionantes por la riqueza de las tumbas con gran cantidad de muebles y objetos ornamentales a fin de que el muerto pudiera disfrutarlos en la ultratumba. Sus dioses más importantes, aparte de Vultumnus, que se representaba segú n la estación meteorológica, estaba formada por tríadas, una de ellas la formada por Tinia, Uni y Menrva, antecedentes del Júpiter, Juno y Minerva romanos. La excelente artesanía, sus aficiones por las carreras de caballos y combates de atletas, la maciza arquitectura y la utilización de bóvedas, túneles para los desagües, el saneamiento de los campos, las casas y villas con su atrium e impluvium ( del atrio romano vinieron el patio de los españoles y árabes, y el claustro católico), la división en tribus, curias y centurias, el orden de batalla, los ornamentos de los magistrados, la laticlava, la pretexta, la toga, el ápex o tocado de los flamines y sacerdotes, las sillas curules, los lictores, las fasces, todo el aparato de los triunfos y juegos públicos, las nundinas( días de mercado y nundinae los ocho días de la semana), el carácter sagrado de la propiedad y la ciencia augural y una gran cantidad de costumbres fueron absorbidas por Roma que hicieron de los romanos el pueblo más formalista de la época.
En estas circunstancias, con los etruscos dominando el norte y centro de Italia, los griegos en el sur y algo más lejos, en el norte de África, Cartago comenzando a expandirse, se fundó Roma, según la tradición, el año 753 a.c. en una zona habitada por tribus latinas, samnitas, volscas y sabinas.

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