Fundación poética de Roma (las Leyendas)

FUNDACION POETICA DE ROMA (LEYENDAS):

Esta primera época de Roma está llena de leyendas, algunas de las cuales comentaremos, y aunque no podamos creerlas (conjuntamente con la arqueología podemos trazar un mapa más realista), sí nos muestra un cuadro de los primeros tiempos y cómo se formó esta ciudad, a pesar de detalles más o menos auténticos sobre los diferentes personajes que vivieron en los primeros tiempos de esta ciudad.
Todos los grandes pueblos o civilizaciones han rodeado su cuna de narraciones maravillosas. En Egipto y Grecia, el reinado de los dioses y de los semidioses precedía al de los hombres. En Troya, Apolo y Neptuno construyen con sus propias manos los muros de la ciudad de Príamo. Roma no quiso tener origen menos noble y ocultó su obscuro nacimiento bajo brillantes ficciones. Sobre el origen de Roma y Rómulo, Plutarco nos refiere hasta doce tradiciones diferentes, todas ellas con el sello de la imaginación helénica y la más extendida, no es sino la narración de otro griego, Diocles de Pepareto, seguido de un soldado que luchó en la segunda guerra púnica, Fabio Pictor, el más antiguo de los analistas romanos y primer embajador de Roma en Grecia. Por pura extravagancia, los romanos aprendieron de los griegos su propia historia, la que éstos les fabricaron. El carácter épico, influencia de Homero y Hesíodo, pasó a los escritos de los analistas romanos. La mayoría de estos analistas o historiadores comenzaron su tarea cuando los romanos comenzaron a darse cuenta de su identidad y quisieron dejar constancia para el futuro. Grecia había caído en la órbita de Roma y la mayoría de los escritores y analistas griegos comenzaron a adueñarse de los tiempos antiguos y a fin de darle a Roma un pasado egregio, “trasladaron” a los héroes troyanos que pudieron salvarse del saqueo de su ciudad, o a los héroes mitológicos griegos alejados de su patria, a fundar cualquier ciudad italiana de alguna importancia y aceptar orígenes divinos o ilustres que les dignificara.

Roma era sinónimo de ciudad de la fuerza (en griego significa fuerza y su nombre secreto era Valentia, del verbo valere que tiene el mismo sentido fuerza o valor. El nombre sacerdotal era Flora y otro nombre secreto era Amor, Roma escrito al revés, y prohibido pronunciar ese nombre bajo pena de muerte. En aquella época se utilizaba un nombre secreto de la ciudad, que normalmente era el dios tutelar de ella, a fin de que mientras permaneciera secreto, los sacerdotes enemigos, prometiéndole a la divinidad más honores en su propia ciudad, no podrían conseguir que ese dios abandonara a su pueblo y les quitara el favor de los dioses, Ampliorem cultum.
Al principio, decían las tradiciones que reinaba sobre los aborígenes del Lacio un rey extranjero, hijo de Apolo, llamado Jano el divino, cuya mansión se alzaba en el monte Janículo. Este pueblo tenía costumbres sencillas e incultas, típico de los hombres primitivos. Desposeído del cielo Saturno por Júpiter, obtuvo de Jano la posesión del monte Capitolino, y en compensación a esta hospitalidad, el dios enseñó a los latinos el arte de cultivar el trigo y la vid. Es el paso de la edad pastoril, en la que los latinos vivían de la caza y de las bellotas que recogían de las encinas de los bosques latinos, a la edad agrícola. Saturno el buen labrador era representado con la hoz y fue en edades posteriores cuando se le cambió por la guadaña del tiempo, desnaturalizado el tipo primitivo.



A Jano le sucedieron su hijo Pico, que tuvo el don de los oráculos, y Fauno que acogió al arcadio Evandro, hijo de Mercurio y de la ninfa Carmenta. Este edificó una ciudad en el monte Palatino entonces cubierto de bosque y pastos, y extendió entre los lugareños el alfabeto griego y costumbres más dulces. Hércules también pasó por el Lacio, tal como comentamos unos capítulos antes, con los bueyes de Gerión y tras comprobar los sacrificios humanos a Saturno, como se hacía también en Cartago, queriendo terminar con con dicha costumbre, erigió un altar sobre la colina Capitolina realizando las ceremonias sin inmolación humana, aboliendo los sacrificios humanos ( en las primeras edades del hombre, estas costumbres eran universales y ciertas costumbres romanas pueden indicarnos que aquí también existían) y para que las gentes del lugar dejaran de tener miedo a la posible cólera del dios, les enseñó cómo apaciguar la ira de Saturno, componiendo imágenes de forma humana ataviadas del mismo modo para lanzarlas al río en lugar de los hombres. Varrón nos explica que todos los años arrojaban las vestales al río Tíber desde el puente Sublicio, veinticuatro muñecos de mimbre (escilla), Dionisio de Halicarnaso en cambio indica que las imágenes o muñecos eran treinta y les llamaban argeos, para reemplazar las víctimas humanas que desde la llegada de Hércules, dejaron de sacrificarse. Estos muñecos o escilla se ponían sobre las puertas de las casas romanas o en los árboles recordando las cabezas humanas que en otro tiempo se ofrecían a Saturno.

Leyenda de Hércules y Caco:

Esta leyenda es fundamentalmente romana y fue descrita por Virgilio, Tito Livio, Propercio y Ovidio para dar un comienzo divino a la ciudad de Roma.
Como ya se ha comentado anteriormente, tras una de las doce pruebas en la que Euristeo le ordenaba conducir las vacas de Gerión desde Eritia, isla próxima a Iberia y las columnas de Hércules, hasta Argos en Grecia, de regreso pasó por el Lacio con los bueyes y como encontró allí buena hierba para el ganado, las soltó para que pastaran y él, fatigado del viaje, se recostó entregándose al sueño. Cerca vivía un ladrón de esa región de nombre Caco que se encontró casualmente con las vacas que pastaban sin nadie que las vigilara y sintió el deseo de apropiárselas. Pero cuando vió a Hércules dormitando, pensó que el asunto era difícil de conseguir por lo que escondió algunas vacas en una cueva cercana, arrastrándolas por la cola a fin de que las huellas dejadas por los animales indicaran que se alejaban de la cueva, y así conseguir que cuando Hércules se despertara, seguiría la pista falsa, alejándose del lugar y así poder disponer de ellas más adelante, cuando el peligro hubiera pasado.
Cuando Hércules se despertó y reunió el rebaño, se dio cuenta que faltaban algunas y se dedicó a buscarlas. Al no encontrarlas, a pesar de que las huellas iban en sentido contrario, decidió examinar el lugar. Dirigiéndose hacia la cueva, se encontró a Caco en la entrada al que preguntó si había visto las reses, éste afirmó no haberlas visto y como Hércules solicitó pasar a la cueva para cerciorarse y Caco se lo negó, sospechando hizo conducir el resto del rebaño a la cueva. El olor de estas llegó a las reses cautivas y su mugido se convirtió en la prueba del robo. Caco, una vez descubierto, comenzó a pelear y pedir auxilio a los lugareños pero Hércules le dio muerte con la maza y tras sacar las vacas cautivas, destruyó la cueva para evitar que otros malhechores la utilizasen. Se lavó en el río para purificarse de la muerte cometida y erigió cerca del lugar un altar a Júpiter Inventor (Júpiter Descubridor) y sacrificó un buey como acción de gracias por el hallazgo de las reses.
El altar construído por Hércules estaba situado en la futura Roma, junto a la puerta Trigémina y los romanos mantuvieron el rito durante muchas generaciones. Cada año, tras la elección consular, los nuevos cónsules sacrificaban un buey blanco a Júpiter Capitolino mediante una serie de ritos similares a los que Hércules instituyó. Y en la zona donde realizó el sacrificio de las reses, Ara Maxima, se levantó el Forum Boarium o mercado de bueyes, plaza situada entre el Capitolio, el Palatino y el río Tíber.
Por esta leyenda, hoy día a los ladrones también se les denomina cacos.
Tras descubrir los lugareños el carácter divino de Hércules, lo agasajaron y rindieron honores y éste, admirado de la hospitalidad de aquellos hombres, les pidió que conservaran imperecederos estos honores sacrificando cada año una ternera no sometida al yugo (el hecho de no haber portado yugo era para aquella época signo de pureza) y celebrando la ceremonia según las costumbres griegas. Para ello eligió a dos familias ilustres de la zona para enseñarles los ritos, los Poticios y los Pinarios, cuyas familias continuaron durante generaciones cuidándose de estas ceremonias.
Dos generaciones más tarde y siempre siguiendo la leyenda, el rey Latino (algunos antiguos indican que era hijo de Hércules y la hija de Evandro, Lavinia) reinaba en aquella zona a la que estaba a punto de llegar un héroe de la guerra de Troya, Eneas.


Leyenda de Eneas:

En realidad la toma de Troya se produjo históricamente por motivos comerciales dado que esta ciudad dominaba el comercio entre el mar Egeo y el mar Negro, Asia y Europa y ponía en una situación muy comprometida la expansión griega y sus colonias, pero la tradición y la leyenda homérica ganaron la partida y todos los autores clásicos utilizaron esta como foco de la mayoría de los orígenes de ciudades, reinos y personas a fin de darles una entidad divina u homérica. En este caso La Eneida fue la encargada de darle el toque celestial a los orígenes de Roma.
Una alianza entre los griegos había conseguido destruir la ciudad de Troya debido a que Príamo había secuestrado a Helena y no la delvolvían. Tras la toma de Troya por los aqueos gracias al engaño del caballo o como otros autores sostienen por la traición de Antenor (Licofrón de Calcis en su libro Alexandra en el siglo III a.c. indica que la traición de Antenor fue la causa de la caída de Troya, no el caballo de Ulises, y que éste y los Antenóridas tras navegar por el Mediterráneo hasta el Adriático, consiguieron desembarcar cerca de la desembocadura del Po y fundar la ciudad de Padua en Italia).
Uno de los héroes troyanos, Eneas, hijo de Anquises y la diosa Venus, que había sido partidario de la paz y de devolver a Helena, tras conseguir escapar de la ciudad y refugiarse en la acrópolis fortificada, escapó o fue perdonado por los griegos y en compañía de su padre Anquises, de su hijo Ascanio o Iulo, de su esposa Creusa y de sus seguidores, con los objetos sagrados y el Paladión ( esculturas de sus dioses) que habían podido salvar del Capitolio de la ciudad se dirigieron a Macedonia, continuando por Sicilia y Cartago, y finalmente desembarcaron cerca de Laurentum, cinco kilómetros al sur de la desembocadura del río Tíber. En cuanto lo supo el rey Latino, dejó la lucha contra los rútulos y con su ejército se aproximó al lugar del desembarco para repeler la acción de los intrusos troyanos. Durante la noche los dioses se pusieron en contacto con ambos jefes a fin de evitar la lucha entre ambos pueblos y acordaron un tratado de amistad siendo Eneas invitado como huesped en casa del rey. Para afianzar la alianza le dio la mano de su hija Lavinia y Eneas y su pueblo, comprobando que el pueblo latino los admitía como amigos, fundaron una ciudad bautizándola con el nombre de la mujer de Eneas, Lavinium a unos ocho kilómetros al sur del lugar de desembarco troyano de Laurentum . Más tarde tuvieron que luchar contra los rútulos comandados por Turno, que se había ofendido con el matrimonio de Lavinia ya que tenía aspiraciones sobre ella. Latino y su aliado Eneas vencen pero el rey muere quedando Eneas como líder de los troyanos y de los latinos.
Tras la muerte de Eneas, su hijo Iulo o Ascanio (del que la familia Julia decía descender y por ello César siempre reivindicaba su descendencia de la diosa Venus) funda una ciudad en el interior, a las faldas de los montes Albanos, en pleno centro del Lacio y al que ponen por nombre Alba Longa que se convierte en la capital de los latinos. Hoy día se supone la situación de Alba en el actual Castelgandolfo y las tumbas descubiertas en esta zona indican una antigüedad varias décadas anterior a las encontradas en Roma:

Con esta leyenda los autores antiguos tienen que conectarla a la fundación de Roma y para ello debían intercalar tres siglos de reyes descendientes de Eneas puesto que la guerra de Troya estaba fechada sobre el 1180 a.c. y la fundación de Roma según las leyendas y tradiciones en el 753 a.c. Por ello estos autores de la época augusta, uniendo la leyenda a los pocos datos que disponían de autores anteriores, nos dan una serie de reyes albalonganos hasta llegar a Rómulo como fundador de la ciudad eterna.

Ya hemos indicado que Iulo (o Ascanio para otros) funda la ciudad de Alba Longa unos treinta años más tarde de la fundación de Lavinium. Los etruscos y el resto de los pueblos del entorno (volscos, sabinos, samnitas,..) tras la derrota de los rútulos de Turno y aliados etruscos de la ciudad de Cere al mando del rey Mecencio, se mantuvieron en paz y por ello, la fundación de Alba Longa y su posterior desarrollo se pudo realizar sin óbstáculos armados tras el tratado por el que los límites latinos se extendían hasta el río Tiber.
La tradición y leyenda que no es muy exacta al existir diferencias entre los autores sobre el nombre y cantidad de los sucesores de Iulo puesto que la lista de reyes albanos aparece por primera vez en autores de la época de Sila en el siglo I a.c. pero según la lista estudiada por Tito Livio prosigue con el hijo de Iulo, de nombre Silvio (procede de la palabra latina silua o bosque y por tanto nacido en el bosque), a continuación reina su hijo Eneas Silvio y a éste le sucede Latino Silvio que crea nuevas colonias latinas y a partir de este rey a todoslos sucesores de la ciudad de Alba les queda el apelativo Silvio.
Sigue su hijo Alba Silvio, sigue Atis, de éste pasa a Capis, sigue Cápeto, a éste le sigue Tiberino que se ahogó al cruzar el río llamado Álbula y desde entonces se llamará río Tiber. A Tiberino le sigue Agripa y a éste, Rómulo Silvio que por lo que parece fue alcanzado por un rayo y le sucede Aventino. Cuando éste muere, se le entierra en una colina cercana que posteriormente pertenecerá a la ciudad de Roma y se le da el nombre de colina Aventina en su honor. El rey que sucede a Aventino se llama Proca y es este rey el que tiene dos hijos, Númitor y Amulio. Al ser Numitor el mayor le cede el reino pero Amulio destrona a su hermano y se hace con el control.
Es aquí donde comienza la leyenda de la fundación de Roma que a continuación relatamos.

Leyenda de Rómulo y Remo:

Amulio se convierte en rey y elimina a toda la descendencia de su hermano excepto a la hija de Númitor, llamada Rea Silvia (su otro nombre fue Julia), y es nombrada vestal para evitar que pueda engendrar hijos, pero ésta es violada ( no se sabe por quién) y da a luz dos gemelos, Rómulo y Remo, y proclama como padre de estos y violador al dios Marte. Amulio ordena que sean arrojados al río pero los secuaces del rey no pueden llegar hasta el cauce caudaloso debido a la inundación por desbordamiento del Tiber. Los abandonan en una zona pantanosa creyendo que el río terminaría por llevárselos y regresan a la ciudad. La tradición nos cuenta que la canastilla con los gemelos es depositada cerca de una higuera llamada posteriormente Ruminal o Romular ( existen dos versiones, una en la que la higuera estaba situada al sudoeste del Palatino según Ovidio y otra en lo que posteriormente fue el comitium. Ruminal proviene de la diosa Rumina, diosa de la crianza de niños de pecho, ruma significa teta, pero actualmente Ruminalis está relacionado con el gentilicio etrusco Rumina al que se habría de referir el nombre de Roma y los Romilios) y a los pies de esta higuera una loba atraída por los lloros de los gemelos, les ofreció sus mamas. Una vez amamantados, apareció el mayoral del ganado del rey, un tal Faústulo que tras ver el prodigio se los llevó a su mujer Acca Larentia para que los criara ( existe una versión en la que esta mujer Larentia era una prostituta de la zona y apodada la “loba” por los aldeanos).
Los gemelos crecieron como aldeanos entre ganado y establos, recorriendo los bosques para cazar, consiguiendo botines atacando a salteadores y fortaleciendo sus cuerpos, y un día que se celebraba en la colina Palatina la Lupercalia, fiesta aldeana representativa de la inquietud de los pastores por alejar el rebaño de los lobos en la que jóvenes desnudos corrían provistos de de correas de piel de cabra ensangrentadas y golpeando con éstas a los espectadores, fueron detenidos por unos bandidos a los que días antes habían robado. Rómulo consiguió escapar pero a Remo lo cogieron y lo entregaron a los soldados del rey para su castigo ( en otra versión Rómulo, Remo y sus compañeros, los Quintilios y los Fabios riñeron con los pastores de Númitor, cuyos ganados pacían en el Aventino y, sorprendido Remo en una emboscada, fue detenido y llevado a Alba ante su señor) .
Faústulo, que siempre había sospechado que sus gemelos eran de sangre real ya que en las mismas fechas en las que los encontró, habían desaparecido los nietos de Numitor, se lo confesó a Rómulo. Coincide el viejo Númitor con Remo y sospecha también tras descubrir que tiene un hermano gemelo se comienza a tejer una trama en torno al rey Amulio. Rómulo, ayudado por los pastores, lanzan un ataque a la mansión del rey al que consiguen eliminar y Númitor, que había extendido el rumor de la aparición de sus nietos a los jóvenes patricios de la ciudad de Alba, conquistan la ciudadela, convoca asamblea y pone de manifiesto en público los crímenes de su hermano, los orígenes de los gemelos y su reconocimiento como nietos y la multitud entera le ratifica el título de rey. Una vez conseguido el trono para Númitor, en recompensa, permitió a los gemelos edificar una nueva ciudad o colonia a orillas del río Tíber y la zona comprendida desde este hasta un lugar llamado Festi entre la quinta y sexta milla romana (milla romana es equivalente a 1481 metros) que sería denominado más adelante el Ager romanus. Los gemelos sienten el deseo de fundarla allí donde fueron encontrados por Faústulo, tal como su antepasado Iulo hizo, y en compañía de muchos jóvenes albalonganos y pastores proceden a ello. Rómulo, siguiendo los ritos etruscos, unce a un arado un toro y una ternera sin mancha y con una reja de bronce traza alrededor del Palatino un surco que representaba el muro, el pomerium o recinto sagrado más allá del cual comenzaba la ciudad profana, la ciudad sin auspicios de los extranjeros y plebeyos ( tal como nos indica Aulo Gelio y posteriormente en tiempos de Servio Tulio fue aumentado hasta encerrar seis colinas dentro del pomerium, aunque hasta la época de Claudio, el Aventino estuvo fuera de estos muros según Tácito).
Al ser gemelos no se puede usar el derecho de primogenitura y ante esta situación piden a los dioses tutelares les indiquen cuál de ellos será el rey y escogiendo Remo la colina Aventina y Rómulo el Palatino esperan los augurios procedentes de los dioses.
Remo obtiene primero el augurio al ver seis buitres pero poco después Rómulo obtiene el suyo viendo doce buitres. Cada uno de ellos es aclamado como rey por sus partidarios apoyándose unos en la prioridad temporal y los otros en la cantidad y se produce una lucha en la que Remo cae herido de muerte ( según la tradición Remo muere a manos de su hermano al saltar sobre el surco que Rómulo había creado como marcas de las murallas de su futura ciudad, gritando: “Así muera en adelante, aquel que ose franquear mis murallas”) y Rómulo consigue el poder para fundar una ciudad en la colina Palatina recibiendo el nombre de su fundador, Roma.

No es que se rechace la existencia de Rómulo, ya que las leyendas siempre tienen algo de verdad, los himnos cantados en la época de Augusto y que conservaban la poética historia del primer rey de Roma, son para nosotros una fábula como las que tienen todos los viejos pueblos, y cuya semejanza es fácil encontrar en otras tradiciones nacionales. Existen en las diferentes culturas y tradiciones de todos los pueblos del mundo casos como el de Rómulo. Por ejemplo Semiramis es hija de una diosa y abandonada en el desierto, alimentada por palomas y recogida por un pastor del rey. Su historia es también sangrienta, si Rómulo mata a su hermano, Semiramis mata a su esposo y después de un largo reinado, desaparece misteriosamente y algunos la ven subir al cielo, y su pueblo comienza a tributarle honores divinos, de la misma forma que Rómulo cuando desaparce es deificado como el dios Quirino. Algo más cercana a nuestra cultura, San Elías sube al cielo en un carro de fuego y Jesucristo tras su resurrección vuelve al cielo. No podemos negar que Jesucristo y San Elías vivieron entre nosotros ni que Semiramis no sea real., por lo que muy posiblemente, algún Rómulo existió y pudo reinar en la Roma arcaica.

En fin, sea fruto de la imaginación o no, y siempre siguiendo las leyendas y tradiciones que nos han llegado por boca de los clásicos, Rómulo reinó en esta ciudad recién construida durante años y según la cronología dada por Varrón, el año 753 a.c. tuvo lugar la fundación de Roma por Rómulo y la juventud albalongana que lo acompañó. Rómulo comenzó también a realizar trabajos de defensa en la colina Capitolina, contigua a la Palatina y algo más baja, pero con abruptas pendientes hasta los pantanos que la hacían idónea para su defensa.
Para aumentar la población, abrió un asilo entre las dos cimas del monte Capitolino, en una zona de encinas que declaró sagrada (Apuleyo y Plinio en su Historia Natural nos indican que en aquellas épocas los árboles heridos por los rayos se consideraban sagrados y los griegos fueron los primeros en atribuirles cultos sagrados como la encina de Dodona, el laurel de Apolo, el olivo de Minerva, el mirto de Venus o el álamo de Hércules) y enviando delegaciones a las ciudades vecinas para que se unieran a su pueblo por medio de alianzas y casamientos sin resultado ante las burlas de los vecinos que le respondían que crease otro asilo para las mujeres.


Pasó el tiempo y la ciudad ya disponía de un potencial bélico importante pero podía peligrar si no se establecían matrimonios para aumentar la población, dispuso la celebración de unos juegos en honor de Neptuno Ecuestre ( fueron los juegos Consualia que posteriormente se celebraron en agosto y diciembre en honor de Consus, dios itálico de la agricultura identificado con Neptuno como dios creador del caballo) invitando a todos los pueblos vecinos ceninenses, crustuminos, atemnates y sabinos de Cures. Acuden muchas personas atraídas no solo por la fiesta, sino la curiosidad por ver la nueva ciudad, hospedándose en casas particulares. Cuando la fiesta está en su máximo esplendor, y a una señal dada, las jóvenes que acompañan a sus padres y hermanos son raptadas por la juventud romana mientras los soldados toman posiciones para evitar su rescate por parte de sus familiares y ante esta posición de fuerza, se impone la escapada al no estar en condiciones de luchar.
En este rapto, Livio nos comenta que una de las doncellas que por su atractivo y belleza fue raptada por los hombres de un romano llamado Talasio, y mientras se la llevaban a su casa, muchos jóvenes preguntaban a quién se la llevaban, y gritando continuamente para evitarle daños “la llevamos a Talasio”. En las bodas romanas se gritaba “a Talasio” al convertirse en una costumbre rememorando el rapto de las sabinas, igual que el ceremonial de entrar en la casa con la doncella a cuestas tal como comento más adelante.
Una vez en sus respectivas ciudades, son los ceninenses los primeros en regresar a Roma para castigar el ultraje infligido, pero son derrotados siendo muerto su rey Acrón por Rómulo, que consagra las armas de su rival a Júpiter Feretrio al que jura edificarle un templo al lado de la encina sagrada, que reciba los despojos ópimos de los futuros reyes y jefes enemigos a los que venzan en futuras guerras. Los crustuminos y antemnates tuvieron la misma suerte y éstos debían ceder a Roma una tercera parte de sus tierras que pasaban a engrosar el ager publicus y sus habitantes pasar como peregrini y emigrar a Roma. En cambio, los sabinos de la ciudad de Cures se lo toman con más temple y astucia y prefieren prepararse para la guerra según el consejo de su rey Tito Tacio.
Tras varios meses,una vez se han preparado las tropas de Tito Tacio, este comienza su revancha sin dejarse llevar por la ira, y en secreto para evitar que los romanos conozcan sus planes. Para ello sobornan a una vestal llamada Tarpeya e hija del romano Espurio Tarpeyo, jefe de las fuerzas que defienden la ciudadela de Roma en el monte Capitolino, tras una salida de ésta fuera de los muros de Roma para recoger agua para las ceremonias vestales. Accede a dejar entrar en la ciudadela a algunos soldados pidiendo como pago que le den lo que porten en su brazo izquierdo ya que los sabinos acostumbraban a llevar en este brazo sus brazaletes de oro y sus anillos. Una vez dentro del recinto los soldados, Tarpeya muere aplastada por los escudos de éstos, que también es portado en la izquierda, para dejar sentado el precedente de que los traidores no debían confiar en los compromisos efectuados.
Los romanos posteriores le pusieron su nombre a un precipicio situado en las faldas de la colina Capitolina, de la que se desconoce su exacta ubicación aunque era visible desde el Foro, con un fondo de rocas en forma de sierra a la que llamaron Roca Tarpeya, y a la que arrojaban a los ciudadanos que por sus crímenes debían ser ejecutados. Curiosa leyenda puesto que el nombre Tarpeya es de procedencia etrusca.
Sigue Livio explicando que una vez conquistada la ciudadela, desde su posición ventajosa, los sabinos al mando de Metio Curcio luchan contra los soldados romanos a cuya cabeza está Hostio Hostilio. Comienza la lucha y los romanos son rechazados pero vuelven a la lucha tras la arenga pronunciada por Rómulo y Metio Curcio tiene que resguardarse en una marisma o pantano. Es en estos momentos en que las doncellas sabinas raptadas, con los cabellos sueltos y las vestiduras rasgadas se interponen entre ambos bandos suplicando a ambos ejércitos que acabe la lucha, alternan estas súplicas entre sus padres y sus maridos pidiendo que no se manchen con la sangre de un suegro o un yerno, que no mancillen con un parricidio el fruto de sus entrañas, sus nietos unos, otros sus hijos. Que si están pesarosos del parentesco que les une, que tornen sus iras contra ellas y las maten ya que mejor es perecer que vivir sin unos u otros, como viudas o huérfanas. Este gesto emociona a soldados y jefes, se hace el silencio y los jefes de ambos ejércitos se adelantan a estipular una alianza. No solo establecen la paz sino que se integan como un solo pueblo, sabinos y romanos tomando como nombre quirites pero desconocemos la etimología de esta palabra, no se sabe si por el dios Quirino, por la ciudad sabina de Cures de la que no hay pruebas arqueológicas, lo que sí es una realidad es que los romanos se dirigían a sus conciudadanos sin cargos públicos como quirites en todos los actos públicos.
Sigue la tradición explicando que la paz que sucede a la unión de romanos y sabinos vuelve más queridas a las sabinas raptadas y en honor a ellas, Rómulo al dividir la población en treinta curias les da el nombre de ellas. A continuación se crean tres centurias de caballeros, los Ramnes (compañeros de Rómulo), los Ticies o sabinos de Tacio y los Luceres de origen desconocido aunque diferentes hipótesis lo hacen derivar del nombre de un rey etrusco de la ciudad de Ardea, llamado Lucerus y de lucus. Ver Duruy pag 55 y apartado 8 sobre etruscos de Ardea y su asilo en Roma.
A partir de ese momento y siempre siguiendo la tradición, Rómulo y el rey sabino Tito Tacio ejercen el poder en común hasta que este rey es muerto en una revuelta en la ciudad de Lavinium a causa de un problema ocasionado tras el maltrato ocasionado a unos delegados de la ciudad de Laurentium.

De todas las tradiciones, la menos inverosímil es el rapto de las sabinas, acción frecuente en estas épocas antiguas. Esta violencia concuerda bien con la historia del asilo, los refugiados del Palatino secuestrando mujeres estaban en carácter y estas uniones eran adecuadas, hacían juego. El rapto de mujeres fue la forma primitiva del casamiento y su recuerdo se conservó hasta los últimos días de la Roma pagana en las ceremonias nupciales. La desposada era como arrebatada a la fuerza de la casa paterna, y se la levantaba para hacerla pasar el umbral de la casa conyugal ( este uso seguía utilizándose en algunas aldeas de Inglaterra, introducido por los legionarios romanos y hoy día es costumbre occidental levantar a la novia para entrar en la nueva casa de la pareja).

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