LA VIDA DE LOS ROMANOS (casas, dinero, calendarios, cursus honorum, Pomerium, etc..)

LA VIDA COTIDIANA DE LOS ROMANOS ( los primeros 700 años)

Es largo pero es imposible resumir más.

Siempre es interesante conocer la historia de los pueblos, pero si además podemos contar con la posibilidad de saber cómo pensaban y cómo vivían para así comprender mejor la evolución de los pueblos, nuestro conocimiento de esa época será mucho más completa. Con los romanos es más fácil debido a la enorme cantidad de datos de que disponemos y las obras escritas por ellos.

Ante todo debemos hacernos a la idea de que no podemos contemplar la vida de los romanos como algo estático y sin cambios en su sociedad, en su forma de vestir, en sus comidas, en su religión y sus costumbres y retrotraernos a las imágenes que, ya sea por películas o por dibujos, tenemos en nuestra memoria puesto que la mayoría de ellas son de época imperial, cuando la sociedad romana había evolucionado hacia el aburguesamiento, la pérdida de los valores republicanos, la crisis religiosa de la mayoría y la decadencia. Al fin y al cabo ya habían pasado 7 siglos (700 años!!) desde el nacimiento de su ciudad y en estos siete siglos hubo una evolución continua al pasar de ser una simple aldea a convertirse en una ciudad que dominaba todo el Mediterráneo (hoy día la nación norteamericana solo tiene una antigüedad de poco más de trescientos años y no podemos decir que esta sociedad siga igual y sigan vistiendo ropa de vaqueros y tirando tiros por el Far West o bien suponer que nada ha cambiado en nuestro país desde que Cristóbal Colón descubrió América hasta que se celebraron las primeras cortes en Cádiz ).

Dejemos ahora la cronología de los hechos y demos unas pinceladas a la vida cotidiana de los romanos en la época que va desde los reyes al fin de la república. No se puede entender y conocer a un pueblo sin saber cosas sobre las costumbres, hábitos, religión o sociedad. Desgraciadamente lo que conocemos nos ha llegado por escritos y nos contaban muy poca cosa de los romanos humildes, casi siempre se centraban en los grandes prohombres, pero gracias a algunos antiguos como Marcial, Juvenal, Plinio el Viejo, Plinio el Joven, Tertuliano, Suetonio, Petronio, Horacio y un largo etcétera que ya entonces les gustaba “chafardear” publicando sus críticas sociales, gracias a editores como Atico, y similar a nuestras actuales revistas del corazón, y unido a la arqueología en ciudades como Pompeya y Herculano, podemos descubrir interesantes historias y costumbres de este pueblo. Antes es necesario conocer a grandes rasgos la sociedad que establecieron y así podremos entrar en materia.


La ciudad de Roma en las fechas en que la tradición data su fundación, no era diferente a las costumbres del resto del Lacio y por tanto, las colinas habitadas disponían de una organización político-social similar a sus vecinas. Esta organización, tal como indican los eruditos, era gentilicia y ya fuera Rómulo u otro inmediatamente anterior, lo que no hay duda es que cuando Roma toma identidad propia se crea una sociedad con estructuras gentilicias en la que los elementos básicos son la domus, familia y gens. En este capítulo realizaremos una exposición sobre muy diversos temas que nos pueden dar una visión realista de las condiciones de vida en estos siglos, desde el VII hasta el I a.c.
Comenzaremos viendo dónde vivían, cómo vivían, qué comían, cómo se vestían, sus fiestas, su comercio, su religión y para ello esbozaremos el tipo de casas en que vivían ( ínsulas y domus), continuaremos definiendo la estructura familiar y sus peculiares conceptos de gens y clientela y las diferentes magistraturas a las que podían optar los romanos pudientes, comentaremos a grandes rasgos varios temas como la división del tiempo y el calendario, el comercio y el dinero, la religión romana, cómo se divertían tanto la clase privilegiada como la plebe y otros aspectos menores que nos ayudarán a comprender mejor aquella época.




CASAS ROMANAS: DOMUS e INSULA


Gracias a que en el siglo XVIII se descubre la ciudad de Pompeya y Herculano y la arqueología en Ostia y Roma aumenta, los expertos nos han dado a conocer la laguna existente durante siglos sobre la vida cotidiana de los romanos. Gracias al descubrimiento de estas ciudades sepultadas y a la labor de los arqueólogos durante estos dos últimos siglos se han llenado las lagunas existentes sobre la forma de vida de los romanos.

Tal como hemos comentado ya, Roma se formó poco a poco a partir de unas aldeas ya existentes en las colinas de la futura ciudad e incluso en los primeros tiempos de la monarquía, los romanos vivían en un tipo de cabaña circular tal como indica el dibujo, se dedicaban a cultivar la tierra o a pastorear en los prados vecinos y entre el trabajo y las obligaciones religiosas, poco tiempo les quedaba exceptuando algunas fiestas al año de origen religioso como el Septimontium. La típica casa itálica o cabaña era redonda y desgraciadamente no se han conservado, pero su forma nos es conocida por las representaciones de éstas en vasos y urnas funerarias y la forma gracias a los hallazgos realizados en la colina Palatina en la que se ha podido comprobar la cimentación de estas casas.

                                                     Urna funeraria en forma de cabaña itálica

Estaban hechas en madera, caña y recubiertas de paja y el techo era cónico. Sólo disponía de una habitación en la que se comía y se dormía, con dos entradas, la puerta y una abertura en el centro del techo por la que el humo podía salir. Parece ser que a esta zona abierta en el techo se le llamaba atrium que procede de la palabra ater y significa negro y por tanto como esa zona estaría ennegrecida por la acumulación del humo se la denominó así ( Servio, I,726: Ibi culina erat, unde atrium dictum est, atrum enim erat ex fumo).

El contacto con otras culturas como la etrusca y la griega, gradualmente fueron cambiando la situación y a partir de la llegada de la monarquía etrusca a Roma, la técnica urbanística etrusca irrumpe en la ciudad y el asentamiento de mercaderes y comerciantes impulsa el desarrollo de la urbe con lo que el modo de vida se va haciendo poco a poco más llevable. Se construyen edificios tanto públicos como privados y va tomando forma el sistema de cloacas y el desvío de agua a las zonas urbanas que se van desarrollando principalmente en las zonas altas de las colinas donde las condiciones sanitarias son mejores. En esta situación se abandona la cabaña itálica y surge un complejo rectangular y en su interior las varias cabañas para toda la familia romana, padres, hijos y sirvientes que dan lugar con el tiempo a la casa romana con su entrada, atrio y diferentes habitaciones o células para familia y sirvientes y finalmente el huerto o hortus donde la primigenia familia romana cultiva los productos del campo que consumen o comercializan. Esta forma o tipo de casa persistirá durante siglos en el campo como villae rusticae y en la ciudad evolucionará, por cuestiones de dimensión y falta de terreno, en la casa romana que comentaremos más adelante como domus romana.
Por supuesto es la clase patricia la que prospera en mayor grado pero también gracias a mejoras como el sistema de cloacas en tiempos de Tarquino hace que el valle sea menos insano y también se desarrollen los barrios bajos como Subura y el Velabrum. La riqueza va aumentando y gracias a las conquistas romanas, los esclavos aumentan. A finales de la monarquía tras más de doscientos años de desarrollo urbano, la calidad de vida de las familias más poderosas ha aumentado y el modo de vida etrusco y griego se va consolidando. Las primeras casas romanas dejan paso a la domus importada de Etruria en los tres últimos siglos de la república, en la que aparece el atrium, perystilum, compluvium, impluvium, etc. Este tipo de casa-patio responde a un modelo cuyo origen parece ser Mesopotamia y desarrollado durante el tercer milenio a.c. por la civilización sumeria. Se difundió por todo el Creciente Fértil y Anatolia y así se introdujo en el mundo griego y etrusco.
En el siglo III a.c. y ante la carencia de espacio en las casas arcaicas romanas, se adoptó de los etruscos el modelo que permitía aumentar el espacio de la vivienda. Así el huerto trasero pasa a transformarse en un nuevo patio porticado similar al peristilo griego por lo que la nueva vivienda romana pasa a disponer de dos ambientes, el atrio y el peristilo apareciendo el andron como comunicación de ambos ambientes y se abre el tablinum para que exista una comunicación amplia entre el atrio y el peristilo convirtiéndose así el atrio en zona de recepción y acceso a la vivienda y lujosamente amueblado de cara a los visitantes.
Inicialmente el lugar de paso entre ambos ambientes llamado andron por los griegos pasa a ser una zona reservada al pater familias como un tipo de triclinium o sala de banquetes y se crean en la zona del peristilo diferentes habitaciones como el triclinium como comedor o sala de banquetes, la exedra como sala abierta al peristilo y lugar de recreo, estar o recepción, el oecus como comedor de gala más amplio y cómodo que el triclinium.
Con el tiempo, en este segundo patio (peristilum) las familias pudientes de Roma la ornamentarán con estatuas, estanques y jardines. En el año 78 a.c. el cónsul Lépido introdujo en Roma el mármol procedente de Numidia para pavimentar su casa e instauró la moda de la opulencia y el fasto por lo que pocos años más tarde, la mayoría de sus contemporáneos ornamentaban las suyas con columnas de mármol como Licinio Craso o con mármoles negros el suelo de la casa el príncipe del Senado, Escauro.... Si pueden visitar Pompeya, comprobarán las muchas posibilidades que los romanos establecieron.


Existieron diversos tipos de domus pero representamos en la figura el tipo medio de casa unifamiliar de una planta ya que por ejemplo en lo que representa el atrium existían cinco modelos tal como Vitruvio nos explica: Atrium Tuscanicum (uno de los más antiguos y más utilizados sin columnas, soportando el peso del compluvium con vigas horizontales para atrios pequeños), el atrium Tetrastylum (con cuatro columnas o pilares en los cuatro ángulos del compluvium y muy utilizado), el atrium Corinthium (similar al anterior pero con mayor número de pilares), el Displuviatum (con el tejado y compluvium inclinado al exterior y por tanto las aguas recogidas se eliminaban fuera de la casa) y el Testudinatum ( todo tejado sin compluvium).

Según los registros de que disponemos, ya en época imperial en el siglo I d.c. sólo existían en Roma 1.800 domus frente a las 47.000 insulas registradas, por lo que no podemos incluirla como la casa típica romana. Solo las clases más pudientes de Roma como miembros del Senado, patricios y miembros del orden ecuestre más adinerados podían permitírselo de la misma forma que en nuestros días sólo algunas familias pueden permitirse vivir en el centro de las grandes ciudades en una gran mansión a todo lujo. Por ello no podemos afirmar que la domus sea la casa romana por excelencia, la mayoría del pueblo romano vivía en ínsulas en la ciudad y en las pequeñas ciudades y en casas de campo en el resto, por lo que si debemos ponerle un nombre a la casa típica en Roma debe ser la ínsula.



                                                     Vista en sección de una domus típica

La domus de las familias pudientes constituía una vivienda urbana de carácter unifamiliar, es decir, la vivienda del pater familias y de todos los que vivían bajo su tutela por lo que podemos denominarla casa familiar y curiosamente construída hacia adentro, sin ventanas al exterior y distribuída, en una sola planta en general (algunas domus podían tener un segundo piso alrededor del atrium con habitaciones secundarias tanto para la vivienda principal como para las tabernae o tiendas que pudieran tener en los laterales).
Influída por la arquitectura helenística y concebida en sentido horizontal, la domus estaba construída en torno al patio interior llamado atrio (atrium) y a un jardín también interior o peristilo (peristylum). Hoy día los patios andaluces o los claustros de nuestros monasterios románicos y edificios bizantinos proceden de esta forma de edificar y que importaron los romanos que se acomodaron en la península.
A veces, en los dos laterales de la fachada principal se construían tiendas llamadas tabernae, sin conexión con el interior de la casa en la que se acomodaban diferentes artesanos o comerciantes a los que se les alquilaba por parte del dueño de la casa (fullonicae, thermopolia, cauponae, tabernae..).
Desde la calle y una vez traspasada la puerta llamada ostium o Ianua (procedente del dios Jano o Ianus bifronte) se accedía a la casa a través del vestibulum en el que se recibía a las visitas, y tras el pasillo o fauces se llegaba al atrio como centro de la casa, normalmente sostenida por columnas con un corredor que lo circundaba y por el que se accedía a casi todas las habitaciones. También era el centro social y lugar de reunión para todos.
En el centro del atrio casi siempre existía un pequeño estanque o impluvium que tenía como misión recoger las aguas de la lluvia a través de las canalizaciones en el techo de éste, llamado compluvium, y bajo el atrio se disponía de un depósito donde se almacenaba esta agua procedente del impluvium o estanque. (Vitruvio, Festo y Plinio nos han dejado toda una serie de explicaciones sobre la domus por si interesa).
La rica decoración de sus columnas, el compluvium, impluvium y las paredes eran un factor muy tenido en cuenta por los romanos para resaltar la posición social de la familia y era el lugar en el que normalmente se colocaban los dos altares que existían en una casa romana, el lararium y el imagines maiorum (éste último se colocaba también en el vestibulum).
El lararium era una pequeña capilla o altar donde se cuidaba la llama del hogar y en el que todas las mañanas se rezaba a los dioses familiares (lares) que protegían la casa y sus moradores. El Imagines maiorum en cambio era una zona, normalmente situada en la entrada de la casa, ya sea en el vestibulum, en las fasces o en el atrium, en la que se colocaban las máscaras en cera y objetos de los antepasados familiares que ocuparon cargos importantes como el consulado. Eran motivo de orgullo familiar y se sacaban a la calle en los funerales de los miembros de la familia. Como ya hemos comentado, las aguas de lluvia se conducían gracias al tejado llamado compluvium hasta el estanque o impluvium.
Desde el atrium o también llamado cavum aedium se accedía a las habitaciones o cubiculae, a las alae y a otras dependencias situadas entre el atrio y el peristilo como el tablinum o habitación despacho del pater familia en el que se recibía a los amigos o a los clientes y el triclinium o comedor y sala de recepción para invitados. En el siglo I a.c. cercano el fin de la república, el atrium dejó de ser el centro de reunión como pieza central de la casa y pasó a la parte más interior el centro familiar alrededor del peristylum y las casas dispusieron de otras habitaciones más grandes como el oecus como sala de recepción de invitados y la exedra. Como no disponían de ventanas al exterior, las casas romanas no eran muy luminosas ya que la luz sólo provenía del atrium y el peristylium y todas las paredes de las habitaciones estaban decoradas con pinturas geométricas de perspectiva para dar sensación de amplitud, alegóricas con motivos mitológicos o de escenas alusivas al uso de esa habitación y el suelo de las habitaciones más representativas como el vestibulum, tablinum, triclinium u oecus con mosaicos deslumbrantes. Con el tiempo esta sociedad de ricos y aristócratas llegaron a disponer no solo de agua corriente proveniente del acueducto, sino calefacción como en los baños públicos (en una habitación por debajo del nivel del suelo de la domus se quemaban en un horno materiales combustibles como la madera, y por medio de una red de conductos que iban por debajo del suelo y paredes, se conducían los gases de la combustión que calentaban la casa. A esta habitación la llamaban hipocastium). Llegaron a decorar sus casas con todo tipo de riquezas y obras de arte provenientes del mundo helénico y Asia en los últimos tiempos de la república tras la conquista de Grecia y Asia Menor, unas de gran gusto y otras de pésimo gusto tal como atestigua Petronio (siglo I d.c. en tiempos de Nerón) en su novela “El Satiricon” sobre la casa de Trimalción, un liberto enriquecido.

Dado el pequeño perímetro de Roma dentro de las murallas servianas y la población de la ciudad estimada en los comienzos del imperio en 1.200.000 habitantes y casi el millón en plena república, y existiendo unas zonas no habitables como el campo de Marte, edificios públicos, basílicas, circo Flaminio y Máximo, templos, jardines, etc hizo que incluso en la Roma republicana, tuviesen que convivir las clases privilegiadas junto a la plebe, ejemplo de ello fue Julio César que vivió hasta los veintitrés años en el barrio de Subura y un largo etcétera de miembros de la alta aristocracia romana imposibilitados de encontrar casa en los barrios residenciales del Palatinus o Carinae. Para poder alojar a toda esta gente (a todas las clases sociales) se desarrolló un tipo de edificación que solucionase esta falta de espacio: la insula, como edificio en el que pudieran alojarse tanto clases acomodadas como la plebe y lo más parecido a nuestras casas de pisos.
La ínsula estaba diseñada a partir de una planta baja similar a la del domus en la que se incorporan varias tabernae, patios centrales y viviendas de gran tamaño similares a la domus para las clases altas y sobre esta planta se elevan varios pisos y cada una de estas plantas se dividen en viviendas llamadas cenaculas. En los últimos pisos, estas viviendas disminuyen mucho su tamaño llegando incluso a ser algunas de una sola habitación (cubicula). Estos pisos no dispusieron, en general, de agua corriente pero si de luz proveniente del patio interior y de las ventanas y balcones que se incorporan en las diferentes fachadas, a diferencia de la domus construída sin ventanas y a resguardo del bullicio de la calle., con lo que se convierten en viviendas ruidosas tal como nos explica Juvenal: “ En Roma para poder descansar y dormir se necesita mucho dinero para vivir en una domus”.
Las primeras ínsulas se construyeron con madera y adobe, materiales tan poco resistentes que no permitían grandes alturas y ocasionaron multitud de muertos al hundirse o en los numerosos incendios que se producían. En el siglo III a.c. se desarrollan técnicas que permitirán construir ínsulas de más de tres y cuatro pisos utilizando materiales más resistentes como el hormigón, argamasa y ladrillos cocidos junto con la madera, pero la especulación de los constructores y contratistas hacen necesario establecer una serie de leyes con imposición máxima de altura y grosores de muros.



                                    Representación de una ínsula en Ostia

Ni que decir tiene que no se pudo acabar con la especulación y el enriquecimiento a expensas de la seguridad, más o menos como hoy día por lo que siguieron cayéndose ínsulas y produciéndose incendios. Como dato que avala lo dicho, en el siglo I a.c. el plutócrata Marco Licinio Craso conocido por eliminar la sublevación de Espartaco según nos cuenta Plutarco, compró un gran número de esclavos arquitectos y maestros de obras, en cuanto se producía un incendio o un derrumbe de edificios, procuraba hacerse con éstos y los contiguos a ellos a un precio irrisorio por el miedo y la incertidumbre, consiguiendo con los años ser dueño de casi todos los edificios de Roma. Muchos escritores nos cuentan las incomodidades de estas ínsulas como Séneca, Juvenal o Marcial. Nos hablan de los temores a que se caiga la casa, ruidos de la calle y de la ínsula, de la estrechez de los cubiculae, de los malos olores, etc.
Juvenal escribe:
Quién de aquellos que viven en la fresca Prenestae o en las arboladas costas de Volsinium teme, o ha temido alguna vez, el derrumbamiento de su casa... Pero nosotros los de Roma, habitamos en una ciudad construída sobre delgadas viguetas, y cuando la fisura de una vieja grieta se hace muy alarmante, el administrador la tapa o invita a las gentes a dormir tranquilamente bajo una ruina suspendida sobre sus cabezas”.

Nosotros habitamos una ciudad apuntalada en gran parte con soportes que tiene la fragilidad de la caña, tal es, en efecto, el magnífico remedio hallado por el administrador, cuando la casa está a punto de hundirse; después, pasando una mano de yeso por una grieta abierta en tiempos remotos, te dice: `Ahora ya puedes dormir tranquilo'. Y, mientras tanto, la casa amenaza caérsete encima en el momento en que la turba aclama a su favorito que enseña el escudo victorioso, es más suave. Los vecinos buscamos el sueño; bien es verdad que no durante toda la noche, pues velar no es demasiado pesado; pero pasar toda la noche en vela, ¡ya está bien!. (Juvenal, III, 93 - 96).

Marcial que vivió en una ínsula de una de las empinadas calles del Quirinal, se queja del ruido que levanta una escuela que tiene en la planta baja de su casa (IX, 68):

Deja marchar a tus alumnos, charlatán. ¿Quieres que te demos por callarte lo mismo que te dan por gritar?"

La mayor parte de las ínsulas en efecto disponían de apartamentos o cenaculae pequeños y mal distribuidos, con ventanas y balcones al exterior (los romanos de la república adornaban sus balcones con todo tipo de plantas de tiesto con lo que cambiaba la vista de las calles) pero como las calles de Roma eran estrechas, parecía que el vecino de enfrente estaba en tu habitación. Las ventanas y balcones se cerraban a fin de evitar el frío, con pieles y telas o postigos de madera. Sólo a partir de la época imperial, las clases más acomodadas cerraron sus ventanas con cristales llamados lapis especularis procedentes de ciudades como Segobriga, situada en la actual provincia de Cuenca, y que fue famosa en  todo el imperio  por su producción  de yeso translúcido o lapis especularis  utilizada para acristalar ventanas y decorar suelos.
Estos edificios se dividían en dos categorías, una más lujosa, aislada y espaciosa en la planta baja y concebida para una sola familia, de ahí que a veces se la denominase domus en oposición a las cenaculae de los pisos superiores, y una segunda categoría más humilde, con una planta baja dividida en locales en los que se instalaban tiendas o tabernae y pisos con cenaculae más pequeños. Estas ínsulas de ambas categorías eran mayoritariamente de alquiler y con el tiempo, llegaron a ser tan imponentes en Roma que incluso hubo que normalizar su construcción. Así en época de Augusto se fijó como altura máxima los 20 metros y dejar separaciones, llamadas ambitus, entre edificios de casi 1 metro, a fin de evitar incendios masivos, y posteriormente en época de Trajano, bajaron a 17 metros a fin de evitar posibles derrumbanmientos ante el incumplimiento sistemático de las construcciones.



                                          Representación de una ínsula de alta categoría de Roma


Durante la república las ínsulas se limitaron a un máximo de cuatro pisos pero ya en tiempos imperiales éstas comenzaron a alzarse hacia el firmamento. Durante el principado de Septimio Severo (193 a 211 d.c.) por ejemplo, se construyó junto al Panteón y la columna Aureliana una de las más famosas ínsulas, la ínsula de Fenicles, que disponía de once pisos a pesar de los edictos de Augusto y Trajano (Tertuliano nos indica que la fama de este edificio llegó incluso a tierras africanas y asiáticas).



Familia, gens y cliens:

Como ya comentamos anteriormente, la organización social y política típica de la Italia central primitiva era de tipo gentilicio y sus elementos primigenios se basaban en la gens y la familia como núcleo de su sociedad patriarcal y rural.
¿Qué era la gens, gentes? Era la agrupación, familia o clan (el clan escocés proviene del romano) con el mismo apellido (de aquí proviene el término gentilicio en nuestro idioma) que engloba no solamente a los hombres de la misma sangre, sino también a hombres ligados entre sí ya sea por un antepasado o héroe venerado como ascendiente común (sacra gentilitia) o por herencia. Teóricamente todos los miembros de la misma gens descendían de un antepasado común ya sea por vía sanguínea como hemos comentado o por tener derecho de herencia al no haber testamento natural y la admisión en la gens se producía por el voto de los gentiles por cooptatio pero solo algunas líneas directas formaban parte de la clase patricia.
En las listas de cónsules romanos leemos con curiosidad, comparándola con nuestros variados actuales apellidos, una nula variedad de nombres dado que pertenecen a una misma gens. De la ciudad de Alba Longa procedían las familias ilustres de la gens Julia, Servilia, Tulia, Quincia, Curacia y Clelia. De la Sabina la gens Apia, Postumia, Valeria, Fabia, y Calpurnia, la gens Furia, y Hostilia del Lacio, la familia Octavia de la ciudad de Velitras, las Cinia y Licinia de la ciudad de Arezzo, la Cecina de Volaterra, las Pomponia, Papia y Coponia de Etruria o las Porcia y Mamilia de la ciudad de Túsculo. El término gens es femenino y por ello decimos que proviene de la gens Julia.
Tomemos a Cayo Julio César (Gaius Iulius Caesar) como ejemplo y estudiemos su organización. Pertenecía a la gens Iulia (procedente de Alba Longa) y su nomen o nombre de la familia (gentilicio) era Iulius, el praenomen (equivalente a nuestro nombre de pila y cada gens o familia tenía preferencia por solo unos cuantos, en el caso de la familia Julia eran los más comunes Cayo, Sexto y Lucio) era Gaius o Cayo y finalmente el cognomen Caesar (era el apellido o sobrenombre de los hombres para diferenciarse de otra rama de la familia que tenían el mismo nombre y gentilicio, en algunos casos se hacían necesarios dos cognomen y este segundo se buscaba haciendo denotar algún carácter físico o sarcástico como pelo largo (Caesar), nariz grande (Nasica), pelo negro (Niger), cojo, pies grandes, etc.. o bien recordatorio de alguna hazaña como Cornelio Escipión que pasó a identificarse tras la victoria frente a los cartagineses, como Africano o los Metelo que se pusieron como sobrenombre Numídico o Dalmático como vencedores en Numidia y Dalmacia respectivamente, en el caso de Caesar significaba melena abundante lo cual trajo a Julio Cesar numerosos problemas ya que se quedó medio calvo y tenía que peinarse hacia delante y colocarse siempre que podía la corona de laurel (algunos comentan que se le cayó el pelo a consecuencia de una alergia a la corona de laurel) que consiguió como legado en la toma de la ciudad de Mitilene cuando contaba algo más de veinte años.
En época arcaica, el territorio de la gens era el pagus o aldea, siendo la familia que ostentaba el papel de jefe en este territorio la patricia. En la primitiva aristocracia romana los patricios fueron los ciudadanos distinguidos de estos pagus y conservaron para siempre ese título y prestigio, vedado a cualquier ciudadano plebeyo del mismo clan o gens, e incluso aunque un miembro de esa gran familia pudiera ennoblecerse, ya en época republicana, consiguiendo llegar al consulado.
Los miembros de una gens se dividían en dos clases, los que pertenecían a ella por derecho de sangre, comprendido por personas que pueden comprobar el grado de su descendencia, aquellos que aún procediendo del mismo antepasado, no pueden enumerar los abuelos ni determinar su grado de parentesco con éstos ( los romanos lo explicaban de esta forma: Julio, hijos de Julio, nietos de Julio, bisnietos de Julio, etc.. y aquellos que designados con el nombre común, no pueden remontarse al primer abuelo, son los Julios), y los que estaban asociados por ciertas relaciones.
La primera clase, como descendientes directos, los patronos o patricios eran los soberanos, a quien todo pertenecía ( los dos signos de la nobleza en la Edad Media fueron los nombres de la familia y los escudos de armas), traslación de los signos patricios que en los funerales romanos se mostraban. En estos ritos funerarios, la familia patricia del difunto desfilaba por las calles romanas utilizando a personajes o actores que vestían y se movían como el difunto y sus antecesores y portaban los honores o insignias ganadas por el difunto (medallas o recordatorios de hazañas como el collar de Manlio, el martillo de Publicio o el hacha de los Valerio) o la imago o imagen, máscara en cera pintada de los familiares ya muertos si habían llegado al consulado o habían realizado acciones relevantes para Roma.
La segunda clase de los miembros de la gens comprendía a los antiguos habitantes del pagus, a los libertos manumitidos por el patricio, extranjeros domiciliados en Roma, los vencidos y trasladados a Roma, los pobres y a todos aquellos que pudiendo elegir una libertad precaria, habían preferido la dependencia y protección del señor o patrón. Estos eran denominados cliens o clientes ( en la Edad Media, vasallos) y se comprometían con el patricio o patronus con una solemne vinculación moral a servir los intereses y obedecer los deseos de su patrono. El patrono arrendaba tierras a su cliente, o a falta de terrenos le daba alimentos, sportula, o dinero, le ayudaba a conseguir cargos, debía velar por sus intereses, seguir sus pleitos, asistirle con la justicia, en definitiva, hacer por el cliente lo que un padre hace por sus hijos. La ley no aseguraba al cliente ningún recurso contra su patrono ni viceversa pero existía un código de honor que raramente se rompía. La religión romana consagraba al patrono a los dioses si provocaba un agravio al cliente al que debía proteger. El cliente por su parte tomaba el nombre de familia de su patrono nomen gentilicium, ayudaba a pagar el rescate si el patrono era apresado por enemigos o piratas (Julio César es un ejemplo ya que con menos de 23 años fue capturado por piratas cilicios y sus clientes tuvieron que pagar un rescate tal como nos indica Plutarco), sus multas, sus gastos de litigio, la dote de las hijas y todo lo necesario para el sostenimiento de la dignidad de su clase. Estaba prohibido recíprocamente atestiguar en un juicio y votar en contra uno de otro.Inicialmente en los primeros tiempos eran tan fuertes estos lazos que si el patrono era desterrado o abandonaba la patria, los clientes le seguían allá donde fuere. Fue a partir del 390 a.c. aproximadamente que estos lazos fueron relajándose (el dictador Camilo marchó solo al destierro sin sus clientes) pero con mayor o menor fuerza, la relación continuó hasta Constantino. Con la república y y las conquistas posteriores, se extendió el patronato a ciudades y en los últimos tiempos de la república, incluso países pasaron a ser clientes de Roma o de romanos como Pompeyo Magno, estableciéndose leyes que regularon esta situación patrono-cliente extranjero y Roma-país cliente.

Durante la monarquía y la república la familia romana estaba vinculada fundamentalmente por el derecho gentilicio que establecía el poder ilimitado dentro de la casa (domus o ínsula) del cabeza de familia o pater familias, el cual era dueño y señor de su mujer, de sus hijos, de los esclavos y de cualquier otro miembro familiar que dependiese de aquél. Solo a finales de la república se logró que se reconociera a la mujer el derecho formal sobre sus hijos o cognatio que hasta entonces solo estaba establecido el creado por vía paterna o agnatio.




Calendario romano: el día

Los romanos adoptaron la division del dia en 24 horas. Para ellos el nuevo dia comenzaba con la salida del Sol, entoces el dia ( mientras habia luz solar) se dividia en 12 horas y la noche en otras 12 horas, por consiguiente al salir el Sol comenzaba la primera hora ( recordemos que en la numeracion no existia el cero).
Aunque no existian los relojes exactos, los romanos se daban cuenta que los dias eran mas largos en verano que en invierno. La noche, como se dijo, tambien se dividia en 12 horas, pero si de dia era dificil estimar la hora por la posicion del Sol, mas complicado era hacerlo a la noche. Debido a este problema decidieron dividir la noche en cuatro partes (adoptando el uso militar):
las 4 vigilias, que eran los turnos de guardia que cumplían los centinelas.
Luego se decidió dividir el dia de luz solar en 4 asignaciones, son las siguientes: hora prima: ya no era la que seguia inmediatamente a la salida del Sol, ahora se denominaba de esta manera al periodo que iba desde el amanecer hasta la media mañana, la hora tercia desde la media mañana al medio dia, la hora sexta desde el mediodia hasta aproximadamente las tres de la tarde. De aqui proviene nuestra palabra "siesta" (de sexta) solamente que sufrio una ligera modificacion al pasar del latin al español y por ultimo la hora nona.


Calendario romano: la semana

Esta palabra proviene de "septimana" que significa "siete dias". La semana es una creacion artificial, producto del hombre; a diferencia de los ciclos astronomicos naturales, como el dia, el mes o el año que vienen determinados por los movimientos de la Tierra o de la Luna.
Los griegos y los egipcios tenian periodos de 10 diaz, mientras que los romanos tenian las nundianae (o periodos entre dias de mercado). Se establecia que los campesinos debian trabajar durante siete dias y el octavo ir a la ciudad a vender sus productos. Etimologicamente nundinae significa "nueve dias" pero aqui se plantea la cuestion que para los romanos el cero no existia. Por ejemplo: si partimos de un domingo y queremos llegar al domingo siguiente decimos: "hoy es domingo hasta mañana lunes paso un dia, hasta el martes, pasaron dos dias y asi hasta el domingo han pasado siete dias". Inconcientemente estamos diciendo: "hoy, domingo, es el dia cero, mañana, lunes, es el dia uno, etc.".
En cambio un romano que ignora el concepto "cero" y quisiera determinar la duracion de nuestra semana, diria: "hoy domingo, es el dia uno, mañana lunes es el dia dos y asi sucesivamente hasta llegar al domingo siguiente y afirmar que nuestra semana tiene ocho dias. Y en forma analoga, el intervalo entre dias de mercado de los romanos, que si era realmente de ocho dias, recibia el nombre de nundinae, que estaba relacionado etimologicamente con el numero 9.
Los cristianos (tiempo despues), que tomaron de los judios, introdujeron en el Imperio romano lo que es ahora nuestra semana. Los babilonios tambien tenian una semana de siete dias, por lo que uno podria preguntarse si los judios lo tomaron de alli o al reves, y aqui entrariamos en una cuestion de fe: si aceptamos que el Pentateuco fue escrito por Moises, la semana hebrea es mucho mas antigua que la babilonia, por lo que la semana consistiria en seis dias de trabajo y el septimo dedicado al descanso (en memoracion a los dias de la Creacion).
En cambio para los no creyentes hay otra razon para que la semana tenga siete dias y es que en la Antiguedad solo se conocian siete planetas (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Jupiter y Saturno). Hay que aclarar que los antiguos denominaban "planeta" a todo aquello que se movia en el cielo, a diferencia de las estrellas que estaban siempre en la misma posicion relativa.
De ésto se desprende el origen de los nombres de los dias, es conocido que lunes es el dia de la Luna, martes el dia de Marte, miercoles el dia de Mercurio, jueves el dia de Jupiter y viernes el dia de Venus. En español, sabado y domingo no provienen de ningun planeta, pero si en ingles ya que Saturday nos recuerda a Saturno y Sunday al Sol.
¿Como se determino la secuencia de los dias? De la siguiente manera: primero hay que poner a los planetas en orden de distancia a la Tierra. Los antiguos razonaban que los planetas que tardaban mas tiempo en dar la vuelta a la Tierra tenian que estar mas lejos. Por eso el planeta mas distante de nosotros era Saturno (hecho que termino siendo verdadero), luego seguian Jupiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y por ultimo la Luna (lo cual tambien es verdad ya que la Luna es el mas cercano aunque no es un
"planeta" como lo denominaban ellos sino que es un satelite de la Tierra).
Como segundo paso, los babilonios consideraban que cada planeta regia una hora del dia, en orden de distancia decreciente (del mas lejano que es Saturno hasta el mas cercano que es la Luna). El planeta que regia la primera hora del dia, o sea, en el momento en que salia el Sol, era el que daba su nombre a todo el dia. Veamos: Hoy es sabado, lo que significa que el planeta que gobierna la primera hora es Saturno, el de la segunda hora del dia es Jupiter (orden decreciente), el de la tercera hora es Marte y si seguimos con ese ciclo de siete planetas, al llegar a la hora veintidos tendremos el mismo planeta de la hora primera, o sea, Saturno, el planeta de la hora veintitres sera Jupiter, el de la hora veinticuatro sera Marte y se acabo el dia, por lo tanto la primera hora del siguiente dia estara regida por el planeta que sigue a Marte que es el Sol (orden decreciente): un domingo. Despues del sabado sabemos que viene un domingo. Y si lo analizamos de la misma manera que lo hicimos con el sabado, la ultima hora del domingo le corresponde a Mercurio y la primera hora del siguiente dia es de la Luna, por lo que el dia que sigue al domingo es lunes.
En el Imperio romano tardio, cuando se instaura la semana tal como la conocemos se continuo con la designacion de planetas, aunque el dia del Sol (domingo) paso a ser el dia del Señor (dia en que resucito Cristo) y el sabado mantuvo el nombre de shabbat judio.

Calendario romano: el mes

El mes es el segundo ciclo cronologico dado por la naturaleza (el dia es el primero), y tiene su origen en el periodo de revolucion de la Luna alrededor de la Tierra (el periodo entre fases iguales de la Luna) y es por ello que en muchos idiomas las "mes" y "luna" esten emparentados etimologicamente. En ingles, por ejemplo, "noon" (luna) y "month" (mes) o en aleman "monat" (mes) y "mond" (luna). Cada mes, duraba inicialmente el intervalo entre dos Lunas nuevas (o llenas).
El intervalo entre dos Lunas nuevas es de 29 dias, 12 horas, 44 segundos y 2,78 , segundos, este es un promedio estadistico que se supo despues de mucho tiempo, hay que señalar que el movimiento lunatorio es muy complejo, ya que hay tres cuerpos que estan involucrados, por que la Tierra y la Luna giran a su vez alrededor del Sol.
En la Antiguedad casi siempre se buscaba que el inicio del mes coincidiera con la Luna nueva, tal es el caso de los chinos y de los griegos. En la actualidad, judios y musulmanes concuerdan sus meses con las fases de la Luna.
Los nombres de los meses provienen del antiguo calendario romano. A partir de marzo, que era el primer mes del año, los doce meses eran: Martius, Aprilis, Maius, Iunius, Quintilis, Sextilis, September, October, Nouember, December, Ianuarius, Februarius. Luego llegaron los cambios. Quintilis se cambio por Julio. Como homenaje postumo al recinte asesinado Julio Cesar, Marco Antonio dispuso que el mes en que aquél habia nacido (101 o 100 aC) pasara a llamarse Julio.
Mas tarde el sobrino nieto de Julio Cesar, Augusto (Octavio), que ya era emperador de Roma decidio consagrar un mes en su honor. A partir del 8 aC el mes Sextilis paso a llamarse Augustus (Agosto). Tiempo mas tarde el Senado romano quiso darle el mes de noviembre al emperador de sucedio a Augusto: Tiberio, pero éste renuncio aduciendo sabiamente que en Roma habrian de venir mas Cesares para homenajear que los meses que todavia quedaban disponibles.
Ahora estaba la cuestion de como numerar los dias dentro del mes. Uno podria argumentar lo obvio, que el primer dia es el 1, el segundo es el 2 y asi sucesivamente pero los romanos diseñaron el sistema mas complicado que se pueda imaginar para fechar los sucesos.En el mes romano habia tres dias que tenian un nombre especifico. Primero estaban las calendas: este correspondia al primer dia del mes (dia que se pagaban alquileres y otras obligaciones), luego estaban los idus, que aproximadamente correspondian a la mitad del mes (idus proviene de induare, "dividir en dos", derivado de duo, "dos"). Pero los idus no caian siempre en la misma fecha, en algunos meses correspondian al dia 15 y en otros al 13. Y por ultimo estaban las nonas, que eran ocho dias antes de los idus. El resto de los dias, los que no eran calendas, nonas ni idus, se contaban por su numero... pero hacia atras!. Por ejemplo, cuando habian pasado los idus de octubre, que correspondian al 15 de octubre, ya habia que comenzar a contar cuantos dias faltaban para que comenzara el mes siguiente, o sea, el dia posterior a los idus de octubre era el 17 antes de las calendas de noviembre y desde alli se seguia la cuenta regresiva. En definitiva seguiamos en octubre y faltaba todavia que transcurra toda la mitad de este mes, pero ya todas las fechas eran tantos dias antes de las calendas de noviembre.
Contar hacia atras tenia otro problema; al llegar los ultimos dias de diciembre, todavia no habia concluido el año, pero ya habia que referir las fechas a enero del año siguiente. Esta forma rebuscada de contar se siguio utilizando


Calendario romano: el año

Es el tercer ciclo dado por la naturaleza. Sabemos que cuando mas nos alejamos del ecuador, mas se perciben las diferencias entre el invierno y el verano (dias mas largos en verano y dias mas cortos en invierno), pero aun tomando la altura maxima del Sol al mediodia, el hombre del mundo antiguo notaba que no era igual (la altura) a lo largo del año. Se veia como el Sol iba descendiendo durante el otoño, hasta que llegaba un momento en el cual se estacionaba (es decir, no bajaba mas) y en los siguientes dias comenzaba a subir nuevamente. Al llegar el verano ocurria un fenomeno similar: en cierta fecha la altura del Sol al mediodia llegaba a un maximo y luego comenzaba a declinar nuevamente al acercarse el otoño. A éstos dos momentos los romanos los llamaron "solsticios", porque alli se detenia el Sol antes de invertir su movimiento ascendente o descendente.
Y habia otros dos momentos en el año, intermedios entre los solsticios de invierno y verano que tambien se podian distinguir: éstos ocurrian al comienzo del otoño y de la primavera, en los cuales el Sol salia exactamente por el este y se ocultaba exactamente por el oeste, y el dia duraba tanto como la noche: eran los "equinoccios" (en latin "noche igual").
El año nuevo romano comenzaba originariamente en marzo, eso explica que por ejemplo septiembre este en la ubicacion que esta, ya que si tenemos en cuenta que marzo es el primer mes, septiembre seria el septimo y no el noveno como lo es ahora.

¿Como llego a ser enero el primer mes del año?, el historiador britanico Toynbee nos dice lo siguiente: El año oficial romano comenzaba el primero de marzo, mes que lleva el nombre del dios romano de la guerra (Marte); y mientras el radio de accion del gobierno no se extendio a mas de unos diez dias de marcha de la capital, el magistrado recien elegido podia asumir sus funciones el 15 de marzo y hacerse cargo del mando que se le habia asignado para la estacion de la campaña de primavera. Pero cuando el campo de las operaciones militares romanas se extendio a mas alla de Italia, un magistrado elegido en marzo para un destino distante no podia entrar en funciones hasta que la estacion estuviera muy avanzada.
En consecuencia, en el 153 aC, el dia en que los magistrados anuales debian entrar en funciones se desplazo del 15 de marzo al primero de enero, con lo cual enero en lugar de marzo se convirtio en el primer mes del año.
Dejando de lado por un momento el comienzo del año, es importante decir que nuestro calendario es esclusivamente solar porque es obra de un romano (Julio Cesar) y como sabemos Roma tambien tenia un calendario solar. Y ademas por que a Julio Cesar lo ayudo un astronomo alejandrino llamado Sosigenes, que preovenia de otro pais que tenia tambien un calendario solar: Egipto (recordemos que lo que le importaba a este pais era el desborde del Nilo, hecho que no tiene ninguna adecuacion con las fases de la Luna).
El romano como los de todos los pueblos de la Antiguedad se fue haciendo por aproximaciones sucesivas a lo largo de varios siglos. No hubo un individuo determinado que haya establecido el calendario romano de una vez por todas. Las reformas nunca fueron totales sino que se siguieron arrastrando errores anteriores.
Segun la tradicion, el primitivo calendario romano, establecido por el fundador y primer rey de Roma, Romulo, en el 753 aC, tenia 304 dias divididos en diez meses. Cuantro meses de 31 dias: marzo (comienzo del año), mayo, julio y octubre (actualmente estos tambien son los meses de 31 dias) y seis de 30 dias. Este calendario de 304 dias resulta muy dificil de aceptar debido a su gran desajuste y mas pensando que al cabo de tres años de 304 dias el error acumulado seria de tres meses. Este calendario fue reformado por Numa Pompilio (sucesor de Romulo en el trono). Este rey le agrego los meses de enero y febrero, con lo cual el año ahora no tenia diez meses sino doce. Luego modifico la longitud de los meses. Siguieron los meses de 31 dias (marzo, mayo, julio y octubre) pero desaparecieron los de 30, el año se completo con siete meses de 29 dias y uno de 27 dias (febrero). ¿Porque desaparecieron los meses de 30 dias?, simplemente porque se creia que los numeros pares eran de mal aguero. Pero habia un problema insoslayable: si sumamos los dias de los doce meses nos da un numero par: 354, por tanto alguien propuso agregar un dia a febrero para que el total de dias del año sea de 355, un numero impar. Febrero en este caso pasaria a tener 28 dias en vez de 27.
Llegamos a un año de 355 dias pero para que no se siguiera retrocediendo con respecto a las estaciones del año solar, era necesario intercalar cada tanto un mes extra. Todos los pueblos (babilonios, judios, griegos, chinos) se dieron cuenta de ésto, el problema era ¿cuándo agregarlo?, por su parte, los romanos lo agregaron cada dos años y era de 22 o 23 dias (en forma alternada) y lo llamaron mercedinus. Este mes adicional se agregaba cerca del final de febrero, si hubiera sido exactamente al final, seria razonable pues febrero es el ultimo mes del año (recordemos que el año comenzaba en marzo) pero no: el mes mercedinus comenzaba despues del 23 de febrero. Es decir, febrero llegaba hasta el 23, luego transcurria el mes extra y despues seguian los 5 dias restantes de febrero (recordemos que tenia 28). Vale aclarar que los calendarios que tenian meses intercalares se prestaban siempre para que los gobernantes de turno determinasen por decreto cuando se debian agregar dichos meses, al margen de lo que digan los astronomos.
Cuando Cesar se propone reformar el calendario (46 aC), las estaciones estaban desplazadas tres meses con respecto a las fechas que les correspondian. Cesar volvio a la concordancia entre los meses y las estaciones, y el año 46 aC (el año 708 de Roma) tuvo 445 dias en vez de los habituales 355 dias. Lo que hizo Cesar fue adicionarle el famoso mes intercalar de 23 dias en febrero, mas uno de 33 y otro de 34 dias, que fueron colocados entre el fin de noviembre y el comienzo de diciembre. Este año (de 445 dias) fue conocido como
"año de confucion". Luego decidio hacer un año esclusivamente de 365 o 366 dias, de modo que estuviera bien ajustado con las estaciones, olvidandose completamente de toda concordancia con las fases lunares. El por que de que tengamos un calendario completamente solar se debe a que Cesar trabajo junto a un egipcio, quizas si hubiera contratado a un babilonio (o a un griego, o judio) nuestra historia seria diferente, ya que éstos tenian un calendario basado en las fases lunares.
La reforma de Cesar, en sistesis, fue la siguiente: enero (31 dias), febrero (29 y 30 en bisiestos), marzo (31 dias), abril (30 dias), mayo (31 dias), junio (30 dias), julio (31 dias), agosto (30 dias), septiembre (31 dias), octubre (30 dias), noviembre (31 dias) y diciembre (30 dias). Cuando Marco Antonio le dedica un mes a Augusto (Agosto), éste no queria ser menos que Cesar y quizo que su mes tenga la misma cantidad de dias que Cesar (Julio, 31 dias), por tanto se agrego un dia a agosto y se le resto al ya sufrido febrero. Pero ahora nos encontrabamos con tres meses seguidos de 31 dias: julio, agosto y septiembre. Augusto modifico esto de la siguiente manera: hizo que septiembre y noviembre queden con 30 dias y octubre y diciembre con 31 dias, de esta manera tendriamos solo dos meses seguidos de 31 dias (julio y agosto) y no tres como antes. ¡¡Que capricho imperial!!. El año de 365 dias con uno de 366 cada cuatro años quedo establecidamente pero.. ¿en que mes se establecia el dia adicional?, el dia adicional debia agregarse en febrero... pero entre el 24 y 25!!. Pero el 24 de febrero era el dia sexto antes de las calendas de marzo y ese dia adicional que venia despues del sexto, pero que no era el quinto antes de las calendas de marzo, no podía llamarse de otro modo que
"dia sexto bis", el dia bis sexto antes de las calendas de marzo. Este "dia sexto bis" se producia cada cuatro años (igual que nosotros) pero resulta que los romanos se volvieron a equivocar por su manera de contar. Veamos..si el año 712 de Roma fue bisiesto y el año bisiesto ocurre cada cuatro años ¿cuando seria el proximo? cualquiera diria que 712+4=176, pero los romanos razonaban así: si el 712 es el primer año del periodo de los bisiestos, entoces el 713 es el segundo, el 714 es el tercero y el 715 es el cuarto, por lo tanto el año bisiesto debe ser el 715.

Calendario romano: todas las reformas
Cualquiera notaria que del 712 al 715 no hay cuatro años sino q hay tres... bueno aparentemente ningun romano lo advirtió. De esta manera pasaron 36 años, durante los cuales se agregaron bisiestos cada tres años en vez de cada cuatro años. En este lapso (36 años) hubo 12 bisiestos y en realidad tuvo que haber solo 9. Augusto, poco tiempo despues, constató que se habian agregado tres bisiestos de mas ( 12 en vez de 9), por lo que decidio que despues del año 745 de Roma (9 aC) que fue bisiesto, todos los años fueran normales hasta el 761 de Roma (8 dC), es decir, 16 años mas tarde.
Y de esta manera llegamos a la ultima de las reformas mas importantes: la reforma gregoriana. El calendario gregoriano (que debe el nombre al Papa Gregorio XIII) fue inagurado en el año 1.582 de nuestra era. Desde el principio hubo muchas dificultades, ya que no hubo un unico proyecto de reforma, sino que cada autor busco que su proyecto fuese el que se impusiera. Hasta el siglo XVI, la mejor estimacion de la duracion del año solar que se tenia era la del rey Alfonso el Sabio, cuyas observaciones se habian realizado en Toledo durante los años 1.263 y 1.272. Alfonso habia estimado que el año solar duraba 365 dias, 5 horas, 49 minutos, 15 segundos y 58 tercios (éstos ultimos eran lo que despues serian las centesimas de segundo, cada segundo se subdividia en 60 tercios). Ahora podemos decir exactamente que durante la epoca de Alfonso la duracion del año era de 365 dias, 5 horas, 48 minutos y 49,4 segundos, por lo que el calculo del rey estaba errado solo por mas de 26 segundos...¡¡y estamos hablando del siglo XIII!!, aplausos por favor. Lo que estaba fuera de discucion era que el calendario ideado por Julio Cesar daba un año demasiado largo: con un año bisiesto cada cuatro años, la longitud promedio del año solar seria de 365 dias con 6 horas (recordemos 6 (horas) x 4 (años)= 24 horas, o sea, dia extra del año bisiesto). La unica forma de disminuir ese promedio era haciendo que un año que tendria que ser bisiesto fuera normal, en el siglo XVI (el de la reforma) habian calculado que el error del calendario juliano era de un dia cada 134 años, en resumidas cuentas, al calendario habia que eliminarle un dia cada 134 años.
La reforma adoptó el metodo ideado por el medico calabres Luigi Giglio (en latin, Aloisius Lilius), muerto en el 1.576. Como dato hay que decir que antes que se conociera universalmente este calendario como gregoriano, se llamaba calendario liliano.
Este método exacto y sencillo consistia en suprimir 3 años bisiestos cada 400 años, o sea, se quitaba un bisiesto cada 133,3 años ¿cuando se quitaba?, se quitaba en los años de fin de siglo, los terminados en doble cero no serian bisiestos (1.700/1.800./1.900 ni 2.100, etc.), aunque sí continuarían siendo bisiestos los años múltiplos de 400, comenzando con 1.600 y 2.000. Finalmente habia que suprimir los 10 dias de error que ya estaban acumulados y que habian provocado que la primavera estuviera comenzando el 11 de marzo en lugar de hacerlo el 21. Estos diez dias de retraso se debian a que no se podia calcular exactamente (en milesimas de segundos y demas subdivisiones), estos diez dias se fueron acumulando, ya que Julio Cesar reformo el calendario en el 46 aC y éste duraria hasta el año 1.582, momento de la reforma gregoriana. El 24 de febrero de 1.582 se promulgó la bula papal
Inter gravissimas ("entre las importantisimas") en la cual se señalaba que los dias que comprendian entre el 5 y el 14 de octubre de 1.582, quedaban eliminados; para que de esta forma se suprimieran los malditos diez dias acumulados durantes siglos. Se eligieron estos dias para recortar porque no habia ninguna festividad religiosa importante (recordemos que todos los dias se veneraba, y todavia se sigue haciendo, a algun santo).

Acabada la reforma, empieza el largo periodo de cambio de calendario (pasar del juliano al gregoriano). El ultimo pais que lo adopto fue Grecia en febrero de 1.923, por eso para ubicar exactamente en el tiempo cualquier fecha comprendida entre el año 1.582 (reforma gregoriano) y 1.923 (Grecia, ultimo que lo adopta) tenemos que saber a que pais pertenece y saber igualmente si en ese pais ya se habia cambiado el calendario o no. Y aqui topamos con una informacion dedicada a todos los amantes de la literatura universal: el 23 de abril de 1.616, en Inglaterra, cuando murio Shakespeare, no fue el mismo dia que el 23 de abril de 1.616 en España, cuando murio Cervantes: fue diez dias despues. (los famosos diez dias atrasados). Cuanto mas tardaba en adoptar un pais el nuevo calendario, mayor era la diferencia que habia que corregir, porque a los diez dias orignarios se les iban sumando los 29 de febrero de los años de fin de siglo, que en el calendario juliano existian pero en el gregoriano se habia quitado (excepto el del año 1.600). Los britanicos son un ejemplo de ésto, ellos lo adoptaron en el año 1.752, por tanto debieron eliminar 11 dias (en vez de 10), porque ellos habian tenido un 29 de febrero de 1.700 prohibido por el Papa Gregorio XIII. Entre los paises que lo adoptaron inmediatamente se encuentran Italia, España y Portugal.
Comercio y economia:
Roma desde un primer momento fue un pueblo de agricultores, era propio y digno del romano vivir en el campo e ir a la ciudad solo cuando los negocios lo llamasen. Con la creacion de obras de drenaje (la primera de estas cloacas que llevaba agua potable data del año 312 aC, con una longitud de mas de 16 kilometros) no solo ayudaron a mejorar la situacion sanitaria sino que ademas promovieron mejoras en las actividades de campo. Al principio el Foro era un llano pantanoso que estaba situado entre el Capitolio y el Palatino (las dos primeras colinas edificadas por Roma), y que para unir aquellas dos en un solo nucleo había que desecar ese "pantano". La tradicion atribuye esta empresa al rey romano Tarquinio El Antiguo (616 aC-578 aC ). El riachuelo que cruzaba el Foro fue encauzado y se convirtio en el desague principal de Roma llamado Cloaca Maxima. Algunos conductos de esta cloaca aun siguen siendo utilizados, lo que nos da a entender la magnitud y buena edificacion que tenia. Pese a todo, Roma seguia siendo una ciudad superpoblada, sucia, en pocas palabras "un amontonamiento de varias aldeas latinas".
La palabra "cultura" significa en latin "trabajo de la tierra", sin embargo el crecimiento de una ciudad no puede darse solo con el cultivo de tierras, con el tiempo el agricultor tendria que tener la posibilidad de poder vender sus productos (vino, trigo, ganado, etc) y Roma no tenía una clase comerciante establecida, solamente tenía una industria de poca iniciativa que se manejaba con el trueque y comercializaba productos provenientes de Grecia y especialmente de Sicilia y Cartago. No era un emporico comercial como lo fue la colonia espartana de Tarento o la ciudad etrusca de Ceres. A causa de las sucesivas guerras entabladas por Roma (s. IV-III y ss. aC) el pequeño labrador debió, al no poder comprar esclavos para que trabajasen su tierra, vender sus territorios, lo que motivó la fundación de latifundios o fincas de gran extensión. Durante muchas décadas se intentaron en vano implantar reformas para que estas tierras no se centren en manos de unos pocos ricos romanos, tales son el caso de las leyes Licinio-sextianas (según la tradicion en el año 307 aC, pero sin dudas mas recientes) que habían limitado la extensión de terrenos a 500 fanegas o los proyectos de los hermanos Gracos en el s. II-I aC que intentaron proporcionar tierras a la plebe. Todas estas reformas fracasaron. Con respecto a las monedas, podemos decir que antes del año 269 aC, los romanos no la poseían, sino que practicaban la simple permuta. En el año 269 aC, los romanos acuñaron una moneda de plata a imitacion de los griegos y en tiempos imperiales empezaron a circular las monedas de oro. Las razones por las cuales los pueblos antiguos eligieron los metales preciosos como medio de cambio se deben en una primera instancia por que son duraderos, por tanto no son perecederos y no se deterioran con el tiempo, además porque son transportables, no es algo que implica una dificil y quejosa transportación y también son divisibles, permitiendo subdividir en pequeñas partes sin que se pierda el valor y permite además realizar pequeños pagos.
La pax romana (época del emperador Augusto donde hubo una "tranquilidad militar") trajo consigo avances en el plano comercial. Por un lado Occidente exportaba articulos de consumo y materias primas (minerales britanicos y españoles) además de miel y cuero de las Galias y recibía de Oriente telas preciosas (China), objetos de arte, aromas, fieras para los juegos en los anfiteatros, etc. Con respecto a la tecnica de financiamiento, el Estado romano tenía una particularidad que radicaba en que todo lo que implicara gastos (carreteras, obras públicas, suministros militares, etc) o ingresos (impuestos), el Estado se desentendía y lo dejaba en manos de los "publicanos". Ëstos pagaban de antemano al Estado (una especie de contrato) y luego se encargaban de recaudar, por tanto la diferencia entre lo que pagaban al Estado y lo que percibían quedaba en sus manos (superavit). Lo que ocurría es que en muchas ocaciones esa "diferencia de recaudación" era grande, lo que nos da a entender el beneficio lucrativo de este negocio. Además con el afán de recaudar, el publicano actuaba sin escrupulos sacando las tierras (casas, esclavos, etc) a quien no podía cumplir sus obligaciones. Esto era frecuente en las llamadas "provincias romanas", donde el publicano sacaba copiosos beneficios aunque sus métodos no sean del todo convenientes o justos. Pero con el surgimiento del Imperio (30 aC) resultó imposible, aún para los publicanos, disponer de capital suficiente para cubrir los gastos públicos, lo que motivó a que se reunieran en sociedades o compañías financieras. Cada una de estas sociedades, representada ante el Estado por un manceps responsable, era dirigida por un magister, con sede en el consejo de administración, quién asistía a la asamblea general de accionistas. Los publicanos también se adjudicaron los bienes inmuebles y fundaron bancos que tenían diferentes funciones economicas, tales como el cambio de monedas pero penarios romanos (esto se debe a la gran cantidad de monedas griegas y orientales que circulaban); depósitos de cuenta corriente que permitía la emisión y el pago de cheques. También prestaban estos bancos al Estado, a las ciudades y a los soberanos orientales entre otros con un interes público anual máximo de 12 %, aunque a veces llegaba hasta el 40 %. Debido a todas estas actividades, los romanos conocieron y practicaron todas las especulaciones para provocar alteraciones en los precios, con la inevitable secuela de crisis y catastrofes económicas a beneficio de unos pocos. Los banqueros eran llamados "argentarii" que deriba de "argentum" que significa "plata", en sistesis eran los "plateros" (="banqueros"), los que tenían plata; y los agentes de cambios eran conocidos como "nummularii", que forma parte de la familia de la palabra "nummus" ("moneda"). Citariamos como ejemplo a Pompeyo, que aun siendo un equites (caballero) pronto se hizo banquero, o Cicerón que tenía varias pequeñas viviendas rentadas que le dejaban cada año ochenta mil sextercios.
Después del apogeo comercial producido en tiempos de Augusto, llegó Tiberio (segundo emperador romano que gobernó entre los años 14 dC hasta el 37 dC) y con él la decadencia del comercio que con algunos momentos de renacimiento durante los gobiernos de Trajano (97 dC-117 dC) y Marco Aurelio (161 dC-180 dC), ya no vuelve a adquirir su antiguo esplendor. Tiberio lo acaparaba todo, todo lo arruinaba por medio de confiscaciones, de donaciones y de testamentos impuestos que luego los colocaba en su palacio de Capra. Un decreto obligó a todos los que se dedicaban a la banca a inmovilizar sus capitales comprando tierras, sin embargo aún faltaba la torpeza y locura de su sucesor, Calígula (37 dC-41 dC), que imaginó acabar con la navegación cuando en alta mar (con un grab numero de naves) construyó una especie de Via Apia que el mar arrastró en unas de sus tempestades. Su sucesor, Claudio (41 dC-54 dC) intentó restaurar el comercio. Pensó en la construcción de dos caminos a través de los Alpes y en la de dos puertos comerciales en Ancora y en Civitavecchia, proyectos útiles que hasta la época de Trajano no pasaron de la categoría de proyectos.
En suma, falto de toda libertad y de seguridad, el comercio declinó y cayó con todas las Instituciones del Imperio en el abismo en que le sepultaron las invaciones bárbaras.

EL DINERO:

Roma en sus comienzos fue un pueblo eminentemente agrícola, prueba de ello es que los patricios que pasaban al Senado eran propietarios de tierras y por consiguiente, se convirtió en algo digno poseer tierras de labor y vivir en el campo cercano a Roma para poder asistir a las reuniones políticas y cuando los negocios así lo aconsejasen.
En el siglo VI a.c. en algunos pueblos itálicos se comenzó a utilizar el bronce (aes) para los intercambios comerciales ya que existían minas de cobre y estaño en la zona. Comenzaron usando unas burdas barras pesadas de esta aleación (aes rude) mientras que en el Este ya desde este siglo se había comenzado a utilizar monedas a raiz de su invención en el reino de Lidia. Ya en el siglo IV a.c. estas barras pasaron a ser lingotes de bronce de forma rectangular con unas marcas o signos (aes signatum) que solían representar figuras de animales como una vaca, cordero, cerdo... con un valor de intercambio según la figura representada. Una ley en época ya republicana establecía el valor proporcional del aes: un aes de una libra equivalía a una vaca y ésta equivalente a 10 corderos Los romanos designaron este “dinero” como pecunia, proveniente de la palabra latina pecus que significa ganado y que con el tiempo pasó a denominar dinero o riqueza.

Más adelante, durante los siglos IV y III a.c. Roma se expansionó gracias a las guerras que mantuvo y comenzaron a formarse los primeros latifundios con lo que los pequeños agricultores comenzaron a disminuir a causa de la imposibilidad de competir contra estas fincas extensivas que usaban una mano de obra barata, los esclavos procedentes de estas guerras y en el siglo III a.c. Roma introdujo una pieza de bronce fundido al que llamaron aes grave que constituyó la unidad y se dividió hasta en doce partes. Tras las guerras Púnicas, al llegar a Roma la plata procedente de las minas de Hispania, el cobre y el bronce pasaron a utilizarse como moneda fraccionaria y la pieza principal pasó a ser el denario de plata con un peso de 4,5 gramos y equivalente a cuatro sestercios o a 10 ases ( el denario tenía una marca X por el sistema decimal) y en el siglo I a.c. pasó a 16 ases y se mantuvo la relación con el sestercio.
En la Roma republicana, el derecho de acuñar moneda correspondió al pueblo en los comitia tributa pero el crecimiento económico y territorial en la república hizo necesaria la elección de unos magistrados, los cuestores y los triumviri monetales encargados de la acuñación de moneda bajo control del Senado y en fechas finales de la República, los cónsules podían también acuñar moneda en emisiones especiales para el pago a las legiones.
Si el dinero es signo de civilización según dicen muchos expertos, no hay duda que Roma creó la mayor civilización puesto que a lo largo de los primeros siete siglos (monarquía y república) se desarrollaron bancos, sistemas monetarios, leyes monetarias, intereses bancarios, y hasta desarrollaron hasta el límite la usura, una de la mayores plagas que la sociedad romana tuvo que soportar, vamos, igual que hoy día. Al lado del Foro y en la zona de los comicios y la basílica Porcia comenzaba una calle llamada clivus Argentarium en la que todos los banqueros de Roma tenían sus oficinas, y bajo las escaleras de acceso al templo de Saturno (ver plano del foro) se encontraba el Aerarium o Tesoro en el que se guardaba todo el oro, plata y riquezas que se conseguían de las conquistas y tributos . En definitiva era como el actual Wall Street de Nueva York y ya en los tiempos de Julio César, aquí se establecían todas las operaciones económicas y financieras del imperio.



A propósito de las monedas y su acuñación (res nummaria), los romanos disponían de una serie de vocablos y expresiones. Aes alienum, que literalmente significa ‘dinero ajeno’, era la expresión que se empleaba para referirse a una deuda, y, en consecuencia, el que la contraía, es decir, el deudor era un aeratus o obaeratus. El aerarium, literalmente almacén de bronce’, era, según se ha dicho, el Tesoro público. Verbos que se empleaban para designar la acuñación de moneda eran cudere, signare, percutire y ferire; si se trataba de fundir, se decía flare. Chapar o forrar ciertas monedas era tingere, inficere o miscere. La efigie o la marca grabada en una moneda se denominaba nota monetae, typus, signum o imago. De la pieza de buena ley se decía que era bonus (sc. nummus) o probus, mientras que para calificar la falsa se empleaban los terminus falsus, improbus, adulterinus o reiectaneus. Falsificar moneda era vitiare pecunias, o nummariam notam corrodere (ya que la nota era la marca hecha sobre las piezas de buena ley mediante la piedra de toque). También vitiare era alear oro o plata puros (aurum o argentum obryzum) con otro metal de inferior valor, como el cobre. El operario (monetarius) que trabajaba la plata era el argentarius; el que trabajaba el oro era el faber aurarius o aurifex. La mesa de cambio, antecesora de nuestros bancos actuales, era la trapeza o mensa argentaria, y el cambista era el nummularius, collectarius o mensarius.
Texto de www.cnice.mecd.es/eos/MaterialesEducativos/mem2000/nomisma/


Dinero es sinónimo de la palabra moneda y deriva del nombre de esta moneda de plata: el denarius. En Roma existía un templo en la colina Capitolina (en el Arx) dedicado a Juno Moneta (la diosa de los avisos o alertas) en honor a unos gansos que habían tomado este templo como casa y que ante el ataque por sorpresa de los galos de Brenno en el año 390 a.c. según la tradición, avisaron con sus aleteos y cacareos a los romanos (Livio nos lo cuenta en el libro VII, 28,7) y como posteriormente los romanos utilizaron los bajos de este templo como lugar de acuñación de moneda (casa de la moneda), así quedaron unidos el nombre de denario, dinero y moneda como sinónimos.

No se conoce con precisión la fecha en que se establecieron unas salinas en la desembocadura del río Tíber pero ya en tiempos monárquicos existía una ruta comercial de la sal y por Roma pasaba esta ruta, llamada vía Salaria, que se dirigía desde las salinas hasta Roma siguiendo la orilla sur del río y continuaba en dirección noreste desde la puerta Quirinal de Roma hacia las diferentes rutas comerciales de la época. Era importante monopolizar la sal puesto que generaba unos ingresos importantísimos por lo que Roma al estar enclavada en una zona estratégica logró hacerse con el control de las salinas y su ruta y para evitar el bandolerismo en ésta, estableció soldados que vigilaban los caminos por los que pasaba la sal transportada a los mercados. Para pagarles la soldada, una parte se realizaba en especies, o sea, en sal, y de aquí derivó nuestro salario o paga mensual.


MOS MAIORUM

Como ya comentamos antes, a principios del siglo VI a.c. se introdujo en el Lacio la escritura creándose un alfabeto propio.
Los materiales que se utilizaron para escribir variaron mucho no solo a lo largo del tiempo, también dependiendo del uso y destino del texto a escribir. En el caso de leyes o textos que se deseaba perdurasen se grababan en piedra o en tablas de bronce y en madera encerada usando un estilete para documentos menos importantes. Conforme pasó el tiempo se comenzaron a utilizar tablas recubiertas de yeso en las que con tinta negra se escribía el texto y con tinta roja (rubricae) los títulos. De ahí que hoy día llamemos rúbrica a la firma o al terminar un escrito. El papiro (procedente de Egipto) se fue introduciendo en Roma a partir del siglo IV a.c. por influjo helenístico y más tarde el pergamino ( procedente de la ciudad griega de Pérgamo en lo que hoy día es Turquía).
En Roma, la introducción de la escritura posibilitó que la mayoría de las costumbres de los antepasados que hasta ahora se habían transmitido oralmente se pudieran plasmar en documentos así como textos y leyes como el jus Papirianum en época de Tarquino el Soberbio o unos comentarios de Servio en los que se supone contenían la constitución creada por éste. A partir de estos primeros documentos que nos han llegado, los expertos creen que el latín tomó del griego muchas palabras pero en cuanto a las que definen costumbres rústicas y bélicas son autóctonas. La palabra stipula que significa contrato proviene de la costumbre romana arcaica de cerrar un trato rompiendo una paja; como antes indicamos el dinero, pecunia de un rebaño de ganado o pecus, las multas en esta primera época romana eran de tipo agrario y normalmente consistían en una cantidad de leche de vaca por lo que la palabra que definía la multa era muleta, de mulgere que significa ordeñar, cuando vencían al enemigo se le ataban las manos por lo que la victoria era vincere que significa atar o ligar, y como curiosidad final, el tesoro del pueblo se guardaba en una canasta de juncos, fiscus, de ahí la palabra que tanto tememos hoy día cuando el fisco nos confisca nuestras propiedades o nos cobra los impuestos. Los romanos le dieron una excepcional importancia a estas antiguas costumbres que se convirtieron en derecho consuetudinario y al que llamaron mos maiorum. Tuvo capital importancia para Roma esta tradición en las costumbres, incluso fue una de las principales causas de que la república se destruyera al organizarse en la época de Mario dos partidos políticos no definidos pero uno, conservador y defensor de la mos maiorum y otro, popular, que insistía en cambios de estas antiguas tradiciones a fin de evitar el colapso de Roma, del que Mario y Julio César fueron sus principales cabecillas.
La mos maiorum en definitiva era el orden de cosas establecido que describía las tradiciones y costumbres de las instituciones públicas y gubernamentales. Como la escritora Colleen McCullough define, era la constitución no escrita de Roma. Mos significaba costumbre establecida y mairum, ancestros o antepasados.


POMERIUM:

Pomerium según indican los antiguos significa “al otro lado de la muralla” o “entorno a la muralla”, costumbre etrusca al fundar sus ciudades y que consagraban a los dioses. Era el límite sagrado que rodeaba la ciudad de Roma, de acuerdo a las reglas augurales y estaba marcado por unas piedras blancas a intervalos regurales (cippi). Sólo podía ser aumentado el pomerium, según la tradición, por una persona que incrementase el tamaño de los territorios romanos en gran medida. El primer pomerium fue establecido según la tradición, alrededor de la colina Palatina, por Rómulo tal como comentamos en el capítulo dedicado a éste y la fundación auspiciada del pomerium descrita por Varrón (LL, cap 143) en la que siguiendo los ritos etruscos y unciendo un toro y ternera a un arado de bronce se crea el urbis principium o pomerio. Solo incluía el Palatino y en tiempos de Servio Tulio según la tradición, se aumentó este pomerium a las murallas servianas aunque no siempre seguía la línea de la muralla.
Permaneció sin cambios hasta el siglo I a.c. en tiempos de Sila y no incorporaba el monte Aventino y el Capitolino, quedando fuera del pomerium al igual que el campo de Marte y el templo de Bellona.
Ningún magistrado romano con imperium (poder o autoridad de éste y que más adelante explicamos) podía traspasar esta línea, debiendo dimitir de éste para acceder a la ciudad sagrada, así como reyes de otras naciones. Por ello estos magistrados debían esperar en el Campo de Marte fuera del pomerium a que llegara el día de su desfile o triunfo por las calles de Roma y si se trataba de reyes extranjeros, debían instalarse fuera del pomerium sin poder visitar la ciudad dentro de éste, y las reuniones con el Senado se debían celebrar en lugares externos a éste. Julio César, para poder acceder a las elecciones de cónsul tras su estancia como pretor en Hispania, y fallida su presentación como candidato in absentia, tuvo que prescindir de su triunfo y perder su imperium para inscribirse como consulable y Cneo Pompeyo, en la época en que se unió a los senadores conservadores como Catón y los Marcelos enfrentándose a César que estaba en las Galias, para no perder el imperium del que disponía, hacía que el Senado se reuniera fuera del pomerium, en el templo utilizado como curia y situado dentro del complejo de Pompeyo en el campo de Marte a fin de poder asistir.


IMPERIUM:

Siempre hemos asociado Imperio a los grandes reinos pero en los comienzos de Roma se creó este concepto y se utilizó como un símbolo de poder y autoridad por el que todos los ciudadanos reconocían obediencia a una persona elegida por el Senado y el pueblo de Roma para una tarea en concreto.
El imperium fue un concepto romano que denotaba una autoridad legal superior ante sus iguales. Un magistrado romano con imperium tenía autoridad absoluta y sólo podía subordinarse a otro romano con un imperium de grado superior. El Senado facultaba a estos hombres con el grado de imperium que requiriese su cargo y como prueba de ello se le asignaba un bastón de marfil terminado en un águila como símbolo de su poder y una guardia personal (lictores) cuyo número dependía del grado de imperium, que portaban las fasces como símbolo del poder y autoridad que representaba.
Estos fasces que ya en nuestro siglo XX se utilizaron como símbolo del poder fascista de Mussolini y de Hitler, eran unos haces de varas de abedul de casi dos metros de longitud que se ataban entrecruzadas formando una especie de lanza cilíndrica con unas tiras de cuero de color rojo. El origen de las fasces era el emblema de los lucumones o reyes etruscos y que fue absorbida por las costumbres y tradiciones romanas durante la república y el imperio. Eran portadas en su hombro izquierdo por unos ciudadanos romanos y empleados del Estado que se ponían al servicio como ayudantes de los magistrados curules romanos (ediles, pretores, cónsules, dictadores,..). Precedían los lictores al magistrado abriéndole paso y estaban disponibles para obedecer al magistrado en materias de custodia y para aplicar la justicia impuesta por éste. Cuando un magistrado imponía una pena de castigo, el lictor sacaba una de las varas del haz y con esta flagelaba al culpable. Los lictores no eran romanos de posición elevada y aparte del salario fijado por el Estado, eran recompensados por el magistrado al que servían. Dentro de la ciudad de Roma vestían con toga blanca sencilla y en funerales de color negra y cuando se encontraban fuera de la ciudad vestían una túnica granate ceñida a la cintura por por un ancho cinturón de cuero negro con clavos de latón.
No se conoce la situación pero existía un colegio de lictores con sede en algún lugar del foro y eran cientos sus miembros, agrupados en decurias y encabezadas por un prefecto.
El número de las varas de abedul era de treinta, simbolizando las treinta divisiones tribales en que se había dividido la ciudad de Roma en época de los reyes (treinta curias) y dentro del pomerium las varas solo se ataban en haz como símbolo de la potestad del magistrado para castigar, no para ejecutar y si estaban fuera de la ciudad, se le insertaban dos hachas como símbolo de que el magistrado disponía de autoridad para ejecutar. Solo el dictador podía llevar lictores con las fasces insertadas con las hachas dentro del pomerium, símbolo del poder ejecutorio inclusive dentro de Roma.
El número de lictores que acompañaban a un magistrado curul dependía del imperium asignado a éste y los diferentes grados de imperium solían ser los siguientes:

Edil curul: disponía de un grado bajo de imperium y le acompañaban dos lictores (los ediles plebeyos no disponían de éste)
Magister equitum: disponía de seis lictores
Pretor y propretor: grado alto de imperium y con acompañamiento de seis lictores
Cónsul y procónsul: con su alto grado de imperium consular o proconsular disponía de doce lictores.
Dictador: solo en casos excepcionales se elegía un dictador y su imperium era absoluto tanto dentro del pomerium como fuera y sus doce o veinticuatro lictores (a partir de Lucio Cornelio Sila) podían llevar las fasces con hacha incluso dentro del pomerium.

En el último siglo de la república el Senado de Roma a instancias de Sila (ya como dictador) legisló entre otras, una ley en la que se observaban otras posibilidades para dar imperium especiales para situaciones difíciles pudiéndose así dar imperium a magistrados para tareas especiales, tal como ocurrió a Cneo Pompeyo que fue elegido para eliminar la piratería en el Mar Mediterráneo concediéndosele un imperium (imperium maius) sin ser senador y por el que hasta los gobernadores de las diferentes provincias quedaban con imperium más bajo al de él.
Fue este tipo de imperium el que, posteriormente, adoptaron los futuros emperadores romanos y dio pie a titular a Roma como Imperio.


DIFERENTES MAGISTRATURAS O CURSUS HONORUM


El que haya visitado Roma habrá comprobado el trazado de las calles así como su estrechez. La Roma republicana dentro de las murallas disponía solo de dos calles anchas, la Vía Sacra y la Vía Nova con una anchura de 4,80 metros, el resto tenían anchuras entre esta cifra y los 2,90 metros. Existían vicus y angiportus o pasajes, semitae o senderos, y como Roma era una ciudad de colinas, los célebres clivus o cuestas y diverticulum o bocacalles. Casi todas estas calles eran de tierra apisonada y solo algunas empedradas por lo que la suciedad era la nota predominante hasta la ley promulgada por Julio César para proveerlas de aceras y pavimento. En estas calles durante el día bulliciosas y llenas de tenderetes de los vendedores, toda Roma comprando o fisgoneando, carromatos tirados por bueyes, caballeros a caballo y niños dando clases con su profesor en medio de la calle, se pasaba a la más absoluta soledad en la noche solo rota a partir del edicto de César con el ir y devenir de carromatos desde las puertas de entrada a la ciudad hasta los almacenes y mercados lo que supuso un alivio en las hormigueantes y abigarradas calles durante el día.
Este edicto en el que se prohibía la circulación durante el día, lo dispuso César para evitar los problemas diarios de circulación y el peligro que representaban los animales de carga y los carros durante el día pasando por las estrechas calles repletas de gente. Por ello se hicieron famosas las literas liburnianas portadas por esclavos que nos muestran la mayoría de las películas sobre Roma al no poder usar carruajes en sus trayectos. En estas condiciones la mayoría del pueblo vivía en su barrio y solo cuando había fiestas o comicios, se aventuraba la plebe a visitar otros barrios. Podemos hacernos una imagen clarísima de la vida diaria en Roma ya que en nuestro mundo actual seguimos igual, solo hay que darse una vuelta por cualquier casco antiguo de cualquier ciudad para comprobar la cantidad de gente que circula por estas calles estrechas y peatonales.
Los romanos al cerrar el día atrancaban las puertas de sus casas y si alguno se veía obligado a salir, lo hacía bien acompañado y provistos de antorchas ante la inseguridad en ciertos barrios de la ciudad, a pesar de los grupos de vigilancia o patrullas nocturnas (sebaciaria) que existían.

seguiré más adelante en capítulos.

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