REYES AGRARIOS Y REYES COMERCIANTES
LOS
REYES ROMANOS TRADICIONALES
En este capítulo
narraremos las leyendas y tradiciones que nos han llegado, sin poder
asegurar la autenticidad de estas, pero que han venido relatándose a
lo largo de los siglos posteriores sobre los hechos acaecidos en la
obscura época de los reyes romanos.
Según la tradición
antigua, Rómulo pasaba revista a una concentración de tropas cuando
se desencadenó una fuerte tormenta. Acabada esta tempestad algunos
senadores indicaron que entre el fragor de los truenos, una nube
rodeó a Rómulo y fue arrebatado a las alturas. El pueblo lo aclamó
como dios , rey y padre de Roma, pasando a ser la representación de
Quirino, uno de los dioses más antiguos de los latinos o sabinos,
que residía en el monte Quirinal.
Otros tal como Livio
confiesa, en voz baja decían que el rey había sido eliminado por
los senadores. Un hombre procedente de Alba Longa, según la
tradición se llamaba Próculo Julio, se presentó ante todos he hizo
saber que Rómulo se le había aparecido y le había comunicado que
anunciase que era voluntad de los dioses que Roma fuera la capital
del mundo, que practicaran el arte militar y lo transmieran a sus
descendientes a fin de que ningún pueblo pudiera resistir a las
armas romanas. El pueblo romano dio crédito a esta historia y
aumentó la creencia en Rómulo como dios.
NUMA POMPILIO:
Como
no se ponían de acuerdo en un sucesor, hubo un interregno
y por espacio de un año gobernaron los
senadores, escogidos en grupos de diez (decenvirato) y cada uno de
ellos durante cinco días ostentaba el gobierno de la ciudad. pero
ante el peligro de agresiones externas y la agitación creciente del
pueblo, se convino en nombrar un sucesor y recayó sobre un hombre
cuya equidad y ponderación eran notorias. Se llamaba Numa
Pompilio, sabino y natural de la
ciudad de Cures. No aceptó el cargo hasta que del cielo llegasen
augurios o signos positivos por lo que fue conducido por un augur a
la ciudadela del monte Capitolino. Una vez los auspicios que pedía
se manifestaron, aceptó y fue declarado rey.
Numa fue retratado
por los antiguos como el más justo y prudente de los hombres,
erroneamente se le asigna como discípulo de Pitágoras de Samos que
vivió ochenta años más tarde, ya que como hombre versado, la
tradición quería mostrar rasgos que reflejasen la doctrina
pitagórica.
Comprendió
que en un estado militarista no podría instaurar los cimientos del
derecho, las leyes, las buenas costumbres y la religión por lo que
erigió el templo de Jano en
una colina cercana (el Argileto) para anunciar la paz y la guerra. La
tradición también nos confirma que para poder gobernar en la paz a
un pueblo educado en el arte de la guerra pero temeroso de los
dioses, para que el pueblo obedeciese y aceptase las leyes
establecidas, se sacó de la manga que su inspiración provenía de
los dioses que a través de la ninfa
Egeria, le comunicaban lo que debía
hacer en el bosque de las Camenas. Posteriores escritores nos
explican que tomó ejemplo de los griegos, emulando la sabiduría del
rey Minos de Creta que afirmaba ser discípulo del dios Zeus y
visitaba frecuentemente el monte Dicteo, donde se decía que Zeus
recién nacido había sido criado por los Curetes y regresaba del
monte con leyes que decía habían sido elaboradas por el propio Zeus
y de Licurgo de Esparta, que explicaba a sus congéneres que las
leyes establecidas eran instruídas por Apolo en sus visitas a
Delfos.
Sea como sea, la
tradición nos muestra a un rey que llevó a cabo tratados de alianza
con los pueblos vecinos para, posteriormente y sin temor a posibles
guerras, establecer leyes político-religiosas que mejoraran la
calidad del pueblo romano.
Instituyó
la división del año en doce meses, intercalando dos meses a los
diez existentes, uno de ellos de origen etrusco (abril:aprilis,
apru) y en ellos señaló los días
fasti y nefasti,
por los cuales se debía restringir la actividad pública en estos
últimos (nefastos) y amplió la institución sacerdotal creando un
flamen
o sacerdote permanente de Júpiter,
realzando este cargo con una vestimenta especial y una silla curul
similar a la del rey y añadió otros dos flamines, uno para Marte y
otro para Quirino dado que conforme la ciudad crecía y el papel
sacerdotal del rey se iba complicando con tareas gubernativas, era
necesario delegar funciones en estos flamines que pasaron a ser en
total quince sacerdotes. Para el culto a Vesta,
divinidad antigua (ver numen, numina)
de naturaleza incorpórea, sin rostro, sexo, imagen ni mitología,
heredada de la ciudad de Alba Longa y cuyo templo en Roma, de forma
circular, estaba situado en el foro representando el hogar del estado
en el que perennemente ardía el fuego sagrado cuidado por cuatro
vírgenes vestales, aumentó a seis el número de vestales escogidas
entre el patriciado. Debían se escogidas como vírgenes patricias y
con edades comprendidas entre los seis y diez años, hacían voto de
castidad y servían a la diosa durante unos treinta años, quedando
entonces libres e integrándose en la sociedad.
Eligió
doce salios
en honor de Marte Gradivo, dándoles como distintivo una túnica
bordada y sobre ésta, una coraza de bronce y llevar los ancilia
(ver Dionisio de Halicarnaso en pag. 241 cap 71) o
escudos caídos del cielo para celebrar las fiestas al dios de la
guerra con cantos y danzas armadas.
Reguló
las ceremonias religiosas y funciones de los cuatro pontífices como
guardianes del culto romano, de los flamines como ministros de los
dioses mayores, de los augures como intérpretes de la voluntad
divina, de los feciales que prevenían las guerras y de los salios
como guardianes del ancile
y dejó escritos con descripciones pormenorizadas de todos los cultos
religiosos, cómo se debían realizar, qué clase de ritos realizar,
fechas de realización, templos en los que celebrar los sacrificios,
en fin todo el ceremonial religioso para que los futuros sacerdotes
no tuvieran ningún problema. Fue enterrado junto a estos libros, que
encontrados posteriormente en época republicana (181 a.c.) y en los
que la religión griega había substituido a la antigua romana,
fueron quemados por orden del Senado al considerárselos peligrosos.
Aparte de estos
hechos, la tradición no nos ofrece más datos de este reinado que
duró cuarenta y tres años. A la muerte de Numa, dicen que la diosa
Diana transformó a la ninfa Egeria en fuente en el bosque de las
Camenas, y desde entonces las vírgenes vestales iban a recoger el
agua sagrada a este manantial.
TULO HOSTILIO:
Tras
este rey piadoso y pacífico se produjo un nuevo interregno y le
sucede el belicoso Tulo Hostilio,
del que solo se puede precisar la toma y destrucción de Alba Longa,
el resto es la tradición que nos han legado los autores antiguos.
Era nieto de un latino de Medulia, de nombre Hostio Hostilio y que
había combatido junto a Rómulo y contra los sabinos al pie de la
ciudadela tal como hemos comentado en el episodio del rapto de las
sabinas. Se unían en él la juventud y la fuerza y convencido que
Roma necesitaba nueva savia, buscó motivos para que Roma entrase en
nuevas guerras y con ocasión de un saqueo de tierras albanas por
parte de unos campesinos romanos y la respuesta de otros campesinos
albanos que hicieron lo propio en territorio romano, se enviaron
legados simultáneamente por parte de Tulo Hostilio y por parte de
Gayo Cluilio que dominaba la ciudad de Alba Longa. Tulo preveía la
negativa de Alba Longa a sus pretensiones y por ello envió a sus
legados con mucha rapidez a fin de ser el primero en hacer la
reclamación y pedir reparaciones. Efectivamente los albanos se
negaron y mientras tanto, los legados albanos en Roma eran tratados
como huéspedes y recibiendo honores pero sin ser recibidos por el
rey Tulo Hostilio. Cuando el rey tuvo noticias de la negativa albana
a la petición de reparación por parte de sus legados, accede a
recibir a la delegación albana indicándoles que el rey de Roma
ponía por testigo a los dioses sobre qué pueblo ha sido el primero
en despedir a los legados haciendo caso omiso a sus reclamaciones y
que recaiga sobre este pueblo los desastres de la guerra.
Comienza aquí una de
las leyendas más brillantes relatada por Tito Livio, lástima que se
tenga que traducir y no se pueda conservar la belleza y brillantez de
la narración en latín.
LOS HORACIOS Y LOS
CURIACIOS:
Se prepara la guerra
civil y Metio Fufecio, nombrado dictador de Alba Longa tras la muerte
de Cluilio, toma la delantera acampando con su ejército a cinco
millas de Roma y Tulo Hostilio sale de Roma con sus hombres para
hacerles frente. Rebasando el campamento albano y maniobrando, coloca
a su ejército entre éste y su ciudad por lo que Metio saca a sus
hombres del campamento. Piden los albanos parlamentar y ambos mandos
se citan y Metio Fufecio indica lo que podría ocurrir si ambos
ejércitos hermanos se destruyen y el poderío etrusco que les rodea
aprovecha la oportunidad y por ello sería mejor dirimir la situación
sin que corra la sangre. Se decide resolver la situación enfrentando
no a los ejércitos, sino eligiendo a buenos luchadores por ambas
partes y que los dioses decidan.
En
ambos bandos servían tres hermanos gemelos, los tres Horacios por
parte romana y los tres Curiacios por la albana y Tulo Hostilio y
Metio Fufecio plantean a éstos la lucha entre ellos combatiendo por
su patria y la supremacía del pueblo por el que se decante la
victoria. Sin objeciones por ambas partes, se acuerda el lugar y la
hora del combate y se procede el tratado o acuerdo entre feciales
romanos y albanos.
Este
es el convenio más antiguo del que se tiene noticias y que Tito
Livio nos refiere: el fecial ( perteneciente a una institución común
a otros pueblos itálicos y constituído por un colegio de veinte
miembros e intervenían en la formalización de tratados,
presentacion de reclamaciones y en las declaraciones formales de
guerra. Dos de estos feciales tenían una función específica: el
pater patratus
que llevaba el cetro para los juramentos y el pedernal, y el
uerbenarius
que traía la hierba sagrada de la ciudadela) interviene en la
formalización del tratado junto al fecial albano.
Concluído el
tratado, tal como se ha acordado, los seis gemelos empuñan sus armas
y los dos ejércitos toman asiento delante de sus respectivos
campamentos para ver el combate. Dada la señal, los seis soldados se
lanzan con las espadas en una lucha sin cuartel y poco a poco los
golpes de espada no son ya inciertos y muchas las heridas de los
combatientes. De los tres hermanos romanos, dos caen muertos y el
ejército albano estalla de alegría y los romanos fijan desesperados
los ojos en el último Horacio, acorralado por los tres Curiacios;
pero los tres están heridos mientras que el romano permanece idemne.
Demasiado débil
contra tres enemigos a la vez, pero temible para cada uno de ellos
por separado, el último Horacio emprende la fuga, persuadido de que
cada Curiacio le perseguiría según la fuerza que le quedara. Cuando
se hubo alejado lo suficiente, ve que sus adversarios le persiguen a
distancias desiguales y sólo uno le seguía de cerca. Se vuelve y
cae sobre él con ímpetu y coraje mientras los albanos llaman a los
dos Curiacios en ayuda de su hermano. Horacio, ya vencedor de éste,
corre a un segundo combate y un grito de inesperada alegría sale del
corazón del ejército romano, el guerrero se anima con los gritos de
su pueblo, precipita el encuentro y sin dar tiempo al último
Curiacio para llegar en ayuda del segundo, lo remata.
No eran ya más que
dos, pero no tienen la misma confianza ni la misma fuerza. Horacio
estaba incólume y orgulloso de su doble triunfo y seguro del
tercero, el otro, abatido por la sangre que había perdido, por la
fatiga del combate y de su carrera, y desalentado por la muerte de
sus dos hermanos, apenas puede arrastrarse. Ni siquiera hubo lucha,
el romano vencedor, henchido de alegría, exclama: Acabo de inmolar
dos de estos hermanos a los manes de los míos, éste es para que
Roma mande a los albanos que yo lo sacrifique. El Curiacio apenas se
sostiene y Horacio hunde su espada en la garganta del albano y todo
el ejército romano rodea al vencedor, glorificándolo con júbilo,
tanto mayor cuanto más habían temido.
Cada uno de los
pueblos se ocupó entonces en enterrar a sus muertos pero con
sentimientos muy diferentes, el uno conquistaba el imperio, el otro
pasaba a la dominación extranjera. Todavía se ven los sepulcros de
estos grandes guerreros en el mismo punto en que cayera cada uno, los
dos romanos juntos y más cerca de Alba Longa y los tres albanos ,
del lado de Roma y a alguna distancia unos de otros, según habían
combatido (todo esto está escrito por Livio).
Entonces, por los
términos del tratado, Mecio Fufecio preguntó a Tulo Hostilio qué
mandaba: Que tengas a la juventud albana sobre las armas, que yo la
emplearé contra los veyenses si les declaro la guerra, contestó el
rey.
Los dos ejércitos se
retiran cada cual a su ciudad, y cargado Horacio con sus triples
trofeos, iba a la cabeza de las legiones, cuando cerca de la puerta
Capena encuentra a su hermana Horacia, que estaba prometida a uno de
los Curiacios. Reconoce la novia en hombros de su hermano el manto
guerrero de su amante que ella misma había tejido y soltándose el
pelo, prorrumpe en sollozos llamando con voz ahogada por el llanto a
su novio. Horacio, indignado de ver las lágrimas de su hermana, que
así desdeñaba sus trofeos, la muerte de sus dos hermanos y la
alegría de Roma, saca su espada y traspasa con ella a su hermana a
la vez que la llena de imprecaciones: ¡Ve allá con tu loco amor a
reunirte con tu prometido, ya que por él , olvidas a tus hermanos
muertos, al único que queda y aún a tu patria. Así perezca toda
romana que se atreva a llorar la muerte de un enemigo!.
Esta inmolación
causó en el Senado y en el pueblo la más profunda emoción, bien
que la gloriosa hazaña de Horacio disminuyera el horror de su
fiereza. Éste es conducido ante el rey para que hiciera justicia y
temiendo Tulo hacerse responsable de un juicio cuyo rigor sublevaría
a la multitud, reune al pueblo y le dice: Nombro, conforme a la ley,
duunviros para que juzguen la causa de Horacio por alta traición.
La ley tenía una
fórmula ritual espeluznante: Los duunviros juzgarían el delito de
alta traición; si el reo apela al pueblo, se abrirá un debate sobre
la apelación; si la sentencia de los duunviros es confirmada por el
pueblo, se le tapará la cabeza, se le colgará con una cuerda del
árbol que no produce fruto, se le azotará dentro o fuera del
pomerium.
De acuerdo a la ley
se nombraron los duunviros y tras el juicio fue declarado culpable
pero en ese momento, el padre de Horacio, por consejo del rey Tulo,
apeló al pueblo abriéndose el debate sobre esta apelación. Los
asistentes al juicio se commovieron cuando Pubio Horacio padre
declaró que él justificaba la muerte de su hija y que habría
castigado a su hijo en virtud de su derecho de padre. Suplicaba a
continuación que no le privasen por completo de hijos y abrazando a
su hijo y mostrando con orgullo los despojos de los Curiacios,
terminó diciendo: A éste, a quien hace poco habéis visto marchando
con las insignias y las ovaciones de la victoria, ¿sois capaces,
romanos, de verlo con la horca al cuello, atado, azotado y torturado?
¡Lictor, anda y ata las manos que hace poco dieron el dominio al
pueblo romano, cubre la cabeza del libertador de nuestra ciudad y
cuélgalo del árbol que no da fruto, azótalo cerca de sus trofeos
en el pomerium o fuera de éste, cerca de las tumbas de los
Curiacios! pues ¿a dónde podéis llevar a este joven donde su
gloria no lo exima de un suplicio tan vergonzoso?.
No
pudo el pueblo resistir las lágrimas del padre ni el valor del hijo
y lo absolvieron, no obstante a fin de que el crimen fuese purgado
con sacrificios, se ordenó al padre que purificase a su hijo y se
realizasen sacrificios expiatorios que en adelante, constituyeron una
tradición de la familia de los Horacio (gens
Horacia). Tras los sacrificios
expiatorios, el anciano padre atravesó en medio de la calzada un
tronco e hizo pasar a su hijo por debajo como si fuera un yugo ya que
así se creía que el culpable dejaba tras de sí la mancha que lo
convertía en tal.
En
tiempos de Augusto existía todavía este tronco al que se llamaba
“el tronco de la hermana” así como la fosa
Cluilia, fosa en el campo donde se
atrincheró el rey de Alba Cluilio, en la guerra contra Tulo
Hostilio, muriendo en este foso y siendo substituído por el dictador
Mecio Fufecio, y durante varios siglos subsistieron testimonios sobre
los sepulcros de los Horacios y los sacrificios expiatorios de esta
familia. Todo esto nos obliga a admitir, obviando la narración épica
y la poesía popular, que existen hechos verdaderos en el fondo.
Tras este episodio,
con la ciudad de Alba Longa sometida a la autoridad romana, tiene
lugar, y siempre según la tradición (no probada en realidad), la
toma de la colonia romana de Fidenae, situada unos kilómetros al
noreste de Roma por parte de la vecina ciudad etrusca de Veii.
Tulo
Hostilio marcha con su ejército para liberar esta colonia,
importantísima para controlar la vía Salaria, y llama a los
ejércitos de Alba Longa para que se incorporen a la lucha. Metio
Fufecio y sus hombres cuando comienza la batalla se repliegan a un
monte cercano y no entran en la lucha esperando la resolución de la
batalla, el rey Tulo invoca a La Palidez y al Terror prometiendo un
templo si crean el espanto en el ejército enemigo y haciendo creer a
su ejército que los albanos están realizando un movimiento
envolvente consigue la victoria. Entonces Metio Fufecio baja a
felicitar al rey Tulo. Éste ya vencedor le responde : Tu
corazón se ha dividido entre mí y mis enemigos. Así se hará con
tu cuerpo. Y atándolo a dos carros que
partieron en direcciones contrarias lo ejecuta. Después fue
destruida la ciudad de Alba y su pueblo trasladado a Roma
estableciéndolo en el Celio y admitidos en el Senado sus patricios
(entre ellos la familia Julia de la que descendía Julio Cesar) y sus
familias ricas entre sus caballeros. Como recinto sagrado para éstos
edificó en Roma en el foro la curia Hostilia.
También combatió
con éxito a los sabinos y puso cerco a la ciudad de Veii pero
descuidaba el trato a los dioses tal como indican los autores
clásicos y la cólera de éstos se cernieron sobre Roma con la
lluvia de piedras en las cercanías y bajo la forma de una epidemia
que incluso contagió al rey. Este rey dicen que tuvo un final
trágico y misterioso como el atribuído a Rómulo, aunque otras
narraciones indican que murió a manos del siguiente rey Anco Marcio,
pero comentamos la primero al ser mucho más poética. Como creía
haber encontrado en los libros religiosos de Numa Pompilio un medio
de expiación y el secreto de obligar al dios Júpiter Elicio a
realizar revelaciones, en una de estas pruebas atrajo hacia él un
rayo muriendo y produciéndose el incendio de su palacio en el Celio.
Los futuros sacerdotes de Jupiter Elicio se atribuían el poder de de
hacer bajar el rayo, como indica Plinio en su Historia Natural, e
imaginamos que el inventor americano Franklin leyó algo de esto
antes de crear el pararayos.
Tras
la muerte del rey toda la ciudad volvió a las prácticas religiosas
abandonadas tras la muerte del anterior rey tal como nos indica Tito
Livio: Aquel que hasta entonces había
tenido como indigno de un rey ocuparse en las tareas religiosas, vino
a ser víctima de todas las supersticiones y llenó la ciudad de
escrúpulos y prácticas religiosas.
ANCO MARCIO:
Tras la muerte de
Tulo Hostilio, el poder pasó de nuevo a los senadores durante un año
(interegno) y se convocó comicios en los que resultó elegido Anco
Marcio, nieto de Numa Pompilio por parte materna. Este nuevo reinado
de veinticuatro años no tuvo el carácter poético de los anteriores
pero resumiendo su reinado realizó varias obras restableciendo la
religión, mejoras en agricultura e hizo escribir en tablas las leyes
que regulaban las ceremonias. En cuanto a la paz, no pudo como Numa
Pompilio disfrutar de la paz ya que los latinos rompieron la alianza
establecida con Tulo Hostilio y por ello, en su reinado, las puertas
del templo a Jano Bifronte tuvieron que estar abiertas. Fijó las
formalidades de declaración de guerra, asentó en el Aventino a los
sabinos vencidos de las ciudades de Politorio, posiblemente situada
entre Roma y Ostia, Telenas, Ficana y Medulia y tras fortificar la
zona al otro lado del río (Janículo) y construyendo el primer
puente de madera (Pons Sublicius) a fin de poder destruirlo en caso
de invasión, fundó la colonia de Ostia en la desembocadura del río
Tíber a fin de controlar las salinas existentes en la zona, para
prevenir los delitos de la ciudad que crecían ante el aumento de
población excavó a los pies del Palatino la famosa cárcel llamada
posteriormente carcer Mamertina y Tullianum y en su reinado, una
familia procedente de la ciudad etrusca de Tarquinia, se instaló en
Roma y el pater familias adoptó el nombre de Lucio Tarquinio
colaborando con el rey Anco Marcio y que posteriormente dio origen a
la monarquía de Roma llamada etrusca.
Relatamos
a continuación el reinado de Anco Marcio a través de los
comentarios aportados por los antiguos en los que se nos indica que
nada más llegó al poder y sabiendo que había fallado la práctica
religiosa y por ello consideró su primer deber restablecer los
cultos públicos y que se celebrasen según las normas que su abuelo
Numa había instituído. Para ello encargó al pontífice ( la
palabra pontifex
proviene de pons
y facere
ya que una de las tareas iniciales de éstos era la reparación del
puente Sublicio según deseaban los dioses) la copia de todos los
comentarios del rey en tablas y exponerlas en el foro a la vista del
público. Los latinos que habían pactado un tratado con el anterior
rey Tulo y pensando que este nuevo rey se dedicaría más a la
religión que a la guerra, realizaron incursiones en territorio
romano y Anco Marcio resultó ser un rey híbrido entre el Numa
religioso y el Rómulo guerrero. Decidió fijar también las pautas a
seguir en tiempos de guerra siguiendo unos ritos que a partir de
entonces se convirtieron en tradición, siguiendo los ceremoniales
que utilizaba el pueblo ecuo con la presentación de reclamaciones
ante el pueblo agresor por parte de los feciales y si el Senado
decidía ir a la guerra, arrojar una lanza o jabalina a territorio
enemigo (posteriormente la tradición de arrojar la lanza se
realizaba en una zona de Roma cerca del campo de Marte y fuera del
pomerium considerado terreno extranjero) y así, una vez declarada la
guerra a los sabinos, se puso en marcha con sus tropas y tomó por
asalto la ciudad latina de Politorio enviando a sus ciudadanos a Roma
y asentándolos en el Aventino. Unos meses más tarde, tras la toma
de Telenas y Ficana, nuevos ciudadanos se incorporaron al Aventino y
la guerra se centró en la ciudad de Medulia durante meses hasta que
ésta cayó y sus habitantes incorporados a la ciudadanía romana en
el valle situado entre el monte Aventino y Palatino.
Para evitar que el
enemigo pudiera algún día tomar posición ventajosa en el Janículo,
al otro lado del Tíber, el rey mandó construir el puente Sublicio
para facilitar el acceso a esta zona y construyó defensas y murallas
y como el dominio de la ciudad etrusca de Veyes sobre la parte
derecha del río hasta la costa había acabado, fundó la ciudad de
Ostia en la desembocadura del Tíber, para dominar la zona y
preservar el negocio de las salinas que existían cerca de Ostia.
COMIENZO DE LA MONARQUÍA ETRUSCA
TARQUINIO
PRISCO O ANTIGUO:
Como
antes comentamos, Lucumón (erróneamente los autores antiguos toman
Lucumón como nombre propio aunque este es el término que en etrusco
denomina a la nobleza, a Tarquino se le atribuye como padre al
corintio Demarato y miembro de la familia de los Baquíadas, rico
negociante que tras una revuelta en la ciudad de Corinto se había
exiliado a Etruria a fin de huir de la tiranía de Cipselo) y su
familia emigraron de la ciudad etrusca de Tarquinia y tras cambiar su
nombre por el de Lucio Tarquinio y gracias a las riquezas de que
disponía, poco a poco consiguió la amistad y el favor del rey
interviniendo en los asuntos tanto públicos como privados, militares
y civiles e incluso fue designado por Anco Marcio en su testamento
como tutor de sus hijos. Tras veinticuatro años de reinado de Anco,
Tarquinio insistía en celebrar cuanto antes los comicios para
designar nuevo rey. Con añagazas logró alejar de Roma a los hijos
del rey y utilizando intrigas para ganarse el favor del pueblo,
consiguió la elección de rey. Para asegurarse el favor del Senado,
nombró cien nuevos senadores, posiblemente plebeyos o de origen
etrusco. Se dedicó a engrandecer Roma embelleciéndola y acometiendo
la empresa de amurallar la ciudad que el siguiente rey Servio Tulio
acabó. El Foro, desecado en gran parte y rodeado de pórticos con
las tabernae veteres
le sirvió para las reuniones políticas y espectáculos. Se comenzó
la edificación del Capitolio y del templo de Júpiter y se allanó
el Circo para ser sede de los espectáculos y Juegos importados de
Etruria (carreras de caballos y combates de púgiles puesto que los
espectáculos de gladiadores que nos muestran tantas películas
americanas no aparecieron hasta la época imperial y durante el final
de la república estos solo servían para los juegos dados en
exequias funerarias y como guardaespaldas ) y comenzó la
construcción del sistema de cloacas subterráneas (Cloaca
Máxima) que aún hoy día son
empleadas en Roma a pesar de los terremotos habidos y los
veinticuatro siglos pasados con destrucción de edificios y
construcción de otros. Para esta colosal obra tuvo que someter al
pueblo a un gran esfuerzo tanto económico como físico pero pudo
conseguirlo por el botín obtenido en las guerras contra sabinos y
latinos que mantuvo. Roma se adueñó de tierras entre el Tíber, el
Anio y la parte montañosa de la Sabina (Colatia) situada a unos
quince kilómetros de Roma, cerca del río Anio y frontera natural de
romanos y sabinos. Pasaron a Roma ciudades como Cornículus,
Camerium, Crustumerium, Nomentum y Ficulea la vieja.
Acabada la guerra
contra los sabinos Tarquino fue el primero que celebró un triunfo
con toda la pompa y costumbres etruscas. Dicen los antiguos también
que de esta época data la introducción en Roma de los trajes
etruscos: la túnica real, el manto de guerra, la toga pretexta, la
toga palmeada, los doce lictores y la silla curul de marfil.
Fue
entonces cuando se realizaron las obras civiles de drenajes,
comienzan los muros servianos y los cimientos en el área destinada
al Capitolio para construir el templo de Júpiter
Optimus Maximus prometido por el rey
durante la guerra con los sabinos.
Quiso también
cambiar la constitución pero a pesar de su influencia en los nuevos
senadores, no logra cambiar el orden de las tribus. Los antiguos nos
indican que los patricios se negaron a ello a través del augur Ato
Navio que sostuvo su oposición con un milagro. El rey queriendo
confundir al augur le dijo si se podía hacer lo que el rey estaba
pensando hacer y ante la contestación positiva del augur, expresó
el rey que había pensado cortar una piedra con una navaja de
afeitar. Así se hizo y el guijarro se cortó por lo que para
recordar para siempre este hechoal pueblo, al lado del altar en que
se depositó la piedra cortada y la navaja, se levantó una estatua
del augur Navio con la cabeza velada en el momento de la revelación
divina. Desde entonces dicen los antiguos que ningún romano se
atrevió a poner en duda la ciencia augural.
A través de Virgilio
y Boccaccio conocemos otra leyenda de Tarquino en la que se nos
relata la historia de la sibila Amaltea y sus libros proféticos.
Cuentan que esta mujer era sibila en Cumas (Campania) en la época de
Tarquino, se la llamaba Deiphebe y era hija de un tal Glaucio. Se
cuenta que viajó a Roma para vender nueve libros de profecías a
Tarquino pero como éste se negó, quemó los primeros tres libros y
al día siguiente volvió a pedirle el mismo precio por los que
quedaban. El rey volvió a negarse y la sibila quemó otros tres
libros, quedando solo los tres últimos. Al día siguiente volvió a
pedir el mismo precio por los que quedaban y el rey consintió en
comprarlos ya que no podía ver cómo se perdían todas las profecías
sibilinas. Sus sucesores comprobaron que en los tres últimos libros
salvados venían todas las “venturas y hechos” de los romanos por
lo que fueron guardados como un tesoro en siglos posteriores.
Cuando Tarquino
llevaba treinta y ocho años gobernando, Tito Livio nos explica que
los hijos de Anco Marcio en su deseo por volver al poder arrebatado,
establecieron un complot para asesinarlo y para ello escogieron a dos
pastores que se pusieron a pelear en las inmediaciones de la mansión
real. Llevados a presencia del rey, mientras uno de los pastores
relataba el porqué de la pelea, el otro asestó un golpe con el
hacha al rey en la cabeza. La esposa del rey, Tanaquil, cerró las
puertas de la mansión y declaró al pueblo que el rey, herido
solamente, encargaba a su yerno Servio Tulio que gobernara en su
nombre. Durante muchos días se pudo ocultar la muerte del rey y
cuando la verdad se supo, Servio Tulio ya había tomado las riendas
del gobierno sin tan siquiera haber sido aceptado por la asamblea de
las curias pero sí con el apoyo del Senado.
SERVIO TULIO:
El origen de este rey
está rodeado de leyendas y misterios, unos lo suponen hijo de una
esclava (el origen de las fiestas Saturnales en las que se concedía
a los esclavos un día de libertad y asunción del papel de amo en
los idus de agosto, se hacía en memoria del nacimiento servil de
Servio Tulio) o del regente de la ciudad de Cornículus, muerto por
las tropas de Tarquinio en la guerra contra sabinos y latinos, y
otros cuentan que fue engendrado por la llama del hogar en una
esclava de la reina Tanaquil, llamada Ocrisia.
Tito Livio nos cuenta
que cuando Servio niño dormía en la mansión real de Tarquino y
Tanaquil imaginamos que como esclavo o hijo del regente muerto de la
ciudad de Cornículus, en presencia de muchas personas del séquito
real se observó que la cabeza del niño estaba envuelta en llamas.
Acudieron los reyes y la reina se opuso a que se le despertara. Poco
tiempo después desapareció la llama al despertar el niño y desde
aquel momento fue tratado como un hijo en la mansión real.
Lo más probable, si
algo de verdad hay en la tradición escrita por los antiguos es que
tras la toma de Cornículus por los romanos, la esposa del regente de
esta ciudad estuviera embarazada y pasara a formar parte como cautiva
de Tanaquil, y en atención a la nobleza de esta familia, se la
librara de la esclavitud. El pequeño Servio nacido y criado en la
mansión real recibiría una buena formación y contaría con el
afecto y cariño del rey Tarquino dado que se convirtió en yerno de
éste años más tarde. Posiblemente esta fue la causa que dio pie a
la tradición que se tejió sobre el pasado servil de Servio Tulio y
las costumbres creadas en las fiestas saturnales.
Cuando
murió asesinado Tarquinio a merced de los dos pastores y ocultado
por los allegados al rey , Servio Tulio comenzó a desempeñar el
papel de regente presentándose al pueblo con la capa trábea de
color púrpura y vestimenta ritual de los reyes y militares etruscos
(esta toga o manto siglos más tarde pasó a ser típica de los
magistrados y sobrevivió como parte del uniforme de los equites y en
el género teatral en el imperio la fabula
trabeata) asumiendo poco a poco todos
los poderes reales y afianzando el poder hasta que se pudo anunciar
la muerte de Tarquino. Servio Tulio obtuvo el consentimiento del
senado para ser rey sin que el pueblo lo hubiera elegido y los hijos
del anterior rey Anco Marcio que urdieron el asesinato de Tarquino se
exiliaron a una población de los volscos, en el Lacio, al sur de los
montes Albanos llamada Suesa Pomecia.
Estableció lazos
diplomáticos entre los latinos y romanos, y al igual que habían
hecho la Liga de las ciudades jónicas griegas en la actual Turquía,
erigiendo un templo a Artemisa en la ciudad de Éfeso como centro
religioso y sede de la liga, para afianzar la confederación
latino-romana, construyó un templo a Diana, antigua divinidad del
Lacio, en la ciudad de Roma (en el Aventino) como reconocimiento de
la capitalidad de la ciudad.
Debido al aumento en
la población de la ciudad (Fabio Píctor indicaba que el censo en
época de Servio dio la cifra de ochenta mil ciudadanos en
condiciones de llevar armas, cifra altísima e improbable según los
expertos) y por tanto un aumento significativo de la clase plebeya
que comenzaba a crear problemas, se le atribuye a este rey la
creación de las reformas que llevaron su nombre.
REFORMA SERVIANA:
Tulo
Hostilio y Anco Marcio habían otorgado concesiones de tierras a los
plebeyos y Tarquino quiso asimilar ambas castas, plebeya y patricia,
pero la oposición de esta última limitó las concesiones y solo
logró aumentar el número de senadores con personas de tribus
plebeyas (patres minorum gentium) frente a las patricias (patres
maiorum gentium). Estas concesiones o pequeñas reformas no
solventaron la situación social y por ello, ante el crecimiento de
Roma y los problemas sociales que el rey Servio Tulio debió llevar
las reformas a más alto nivel a fin de facilitar a la clase plebeya
su participación en la vida ciudadana. Por ello se hizo necesaria
una reforma administrativa basada en el censo económico (census)
como registro de familias inscritas y bienes. Desde los comienzos de
la monarquía, la tradición atribuye a Rómulo la distribución de
la población en tres tribus (Ramnes, Ticies y Luceres)
correspondiendo a cada tribu diez curias por lo que las treinta
curias resultantes proporcionaban cien hombres para infantería y
diez jinetes por curia. Se reunían los comicios curiados para fines
religiosos y familiares como la adrogatio (adopción de ciudadanos y
renuncia del anterior paterfamilias), el nombramiento de un heredero
por parte de un pater sin hijos (adopcción postmortem) que se
realizada según los comicios más antiguos que se conocen (comitia
calata) y dictar la lex curiata de
imperium que consistía en designar un
sucesor al rey y como órgano asesor de éste. La participación de
los plebeyos en estas asambleas era mínima y la monarquía etrusca
quiso utilizar a este grupo en su lucha frente a la oligarquía
patricia.
Por
ello, la serie de reformas realizadas según la tradición por Servio
Tulio siguieron un proceso escalonado, siendo la primera una nueva
organización del territorio. Dividió la ciudad y el Agger
Romanus en varias tribus. Todos los
ciudadanos romanos fueron inscritos en una de las dieciseis tribus
rústicas en que se dividió el agger
si eran propietarios de tierras y cuatro tribus urbanas si no lo
eran. Las cuatro tribus urbanas fueron la Palatina, la Collina, la
Esquilina y la Suburana quedando así parcelada la ciudad de Roma en
cuatro partes (Roma quadrata)
que englobaban principalmente a artesanos, comerciantes y
proletarios.
Esta división fue la
base para el censo realizado como valoración de los ciudadanos en
función de las rentas de que disponían. Para ello se creó una
moneda rudimentaria como valoración, la aes rude (aes: bronce) o as,
realizada en bronce y con un peso de unos 330 gramos.
Con el censo
realizado, se distribuyó al pueblo en clases según los bienes y
riquezas de cada persona formando así las centurias tal como Tito
Livio y Dionisio de Halicarnaso nos han dejado:
1ª clase: ciudadanos
que poseyeran más de 100.000 ases ( 80 centurias)
2ª clase: ciudadanos
que poseyeran entre 100.000 y 75.000 ases (20 centurias)
3ª clase: ciudadanos que poseyeran
entre 75.000 y 50.000 ases (20 centurias)
4ª clase: ciudadanos
que poseyeran entre 50.000 y 25.000 ases ( 20 centurias)
5ª clase: ciudadanos
que poseyeran entre 25.000 y 11.000 ases (30 centurias)
y
fueron llamados censo por cabezas (capite
censi) los ciudadanos que tenían menos
de 1.500 ases.
A
estas 170 centurias había que sumar 18 centurias de caballeros que
ocupaban la posición más alta de esta pirámide social y 5 de
proletarios( proviene de la palabra latina proles
que significa personas que solo tienen hijos) de la posición social
más baja por lo que el total era de 193 centurias. Con esta
distribución comenzaron a llamarse asidui
a los que contribuían con sus tributos a Roma ( las cinco clases) y
proletarii
a aquellos exentos de pago de tributo.
Las cinco clases
tenían la obligación de prestar servicio en el ejército. La
primera clase se debían costear el equipo militar consistente en
yelmo, escudo redondo, coraza, lanza y espada de bronce, la segunda
clase debían costearse un escudo rectangular y las grebas, la
tercera solo el yelmo y un escudo rectangular, la cuarta de jabalina
y lanza y la quinta solo se debía proveer de honda y piedras.
En todo esto existen
unos anacronismos lo suficientemente estudiados por los historiadores
actuales para que pongamos en tela de juicio esta división. Tito
Livio y Dionisio escribieron en siglos posteriores y dieron como
buenas las clasificaciones republicanas cuando Roma disponía de una
población mucho mayor. No solo no existían en esta época los ases,
los escudos rectangulares no existían aún y los ejércitos eran
hoplíticos de escudo redondo y el número de centurias no podía ser
tan alto.
Si que existió una reforma serviana
siguiendo los parámetros ya comentados de riqueza y divididos en
centurias pero a niveles más reducidos y solo las tres primeras
clases contribuían a formar el ejército antiguo compuesto
seguramente por sesenta centurias ( 40 de la primera, y 10 de la
segunda y tercera) con lo que se formarían dos legiones de 3000
soldados.
Esto parece más
probable puesto que el primigenio ejército romano, incluso en la
república, estaba formado por soldados propietarios de tierras que
luchaban durante los meses cálidos y volvían a labrar sus tierras
en los meses fríos en los que las campañas bélicas paraban.
Esta
reforma por centurias crea una nueva organización del sistema y la
base de un sistema fiscal. La centuria hace aparecer un nuevo tipo de
asamblea que toma como base a ésta como unidad de convocatoria y de
votación, los comicios centuriados (comitia
centuriata) que se reunía en el campo
de Marte en aquella época. Como cada centuria tenía un voto y se
comenzada por los caballeros y la primera clase (entre ambas 98 votos
frente al resto 95) por lo que las votaciones podían ser ganadas por
éstos sin tomar en cuenta a las últimas clases.
A
Servio Tulio le atribuye la tradición, el ensanche de Roma
incorporando a la ciudad las colinas Quirinal y Viminal, y
posteriormente la Esquilina donde él mismo se fue a vivir y la
finalización de las murallas de Roma (murallas comenzadas por
Tarquino) llamadas desde entonces murallas servianas y aumentando el
pomerium
de la ciudad (ver POMERIUM más adelante).
Se
da por seguro que estas murallas servianas fueron construídas más
tarde, por orden del Senado, ya en época republicana entre los años
380 y 350 a.c. en piedra toba. Aun hoy día podemos apreciar estas
murallas en algunos lugares como la plaza del Cinquecento cerca de la
estación de tren o en la Via de las Finanzas donde se puede apreciar
la solidez de éstas y la restauración a la que están siendo
sometidas.
Acabó sus días asesinado por sus
propios parientes, su hija Tulia y su yerno Tarquino, hijo del
anterior rey, siendo el último rey asesinado. La trama se desarrolló
según la tradición , de la forma siguiente:
Las
dos hijas de Servio Tulio se habían casado con los dos hijos de
Tarquino Prisco o Antiguo, Lucio y Arunte. Pero la ambiciosa Tulia
había sido prometida a Arunte, el más bondadoso de los dos
príncipes y su hermana a Lucio que por su orgullo y crueldad fue
llamado más adelante el Soberbio (Superbo).
Tulia y Lucio no tardaron en entenderse y unirse con fines criminales
por lo que Tulia se desembarazó de su esposo Arunte por medio del
veneno. Servio parece ser que llevaba tiempo pensando en abdicar y
establecer un gobierno consular ( como la tradición fue republicana
es normal que a uno de los reyes buenos se le asignen ideas
republicanas) y Lucio un día apareció en el Senado, investido de
todas las insignias reales, empujando al rey Servio por las escaleras
y mandando a sus secuaces que lo remataran. Tulia que estaba en la
confabulación, se apresuró a saludar al nuevo rey y en su febril
ansiedad, hizo pasar su carro sobre los despojos del cadáver de su
padre. Posteriormente esta calle recibió el nombre de Via Scelerata
o calle del Crimen en recuerdo de este execrable crimen.
TARQUINO
EL SOBERBIO o SUPERBUS:
Al rey Servio Tulio de la tradición
siguió el tirano causante del advenimiento de la república,
Tarquino Superbo. Lógicamente como la tradición que nos ha
llegado fue descrita por personajes que escribieron en época
republicana o imperial y su odio a todo aquello que significara
monarquía o mundo etrusco, este periodo a partir de Tarquino Prisco
es el más denostado por los autores a pesar de ser, tal como los
historiadores actuales indican, la época en la que Roma se
desarrolló con mayor rapidez y brillantez.
Tal como lo cuentan los antiguos,
rodeado de una guardia de corps de mercenarios y secundado por
algunos senadores sobornados, reinó en Roma, despojando a unos de
sus bienes, a otros con destierro y condenando a muerte a aquellos
que le inspiraban desconfianza. Se le apodó el Soberbio o Superbus
porque le negó sepultura a su suegro Servio Tulio y por eliminar a
los senadores que sospechaba eran partidarios de su suegro. Las leyes
establecidas por los anteriores reyes fueron olvidadas por este rey y
se sirvió de la legislación de Servio Tulio para destronar a éste
presentándose a los patricios como defensor de los privilegios
eliminados. Una vez sentado en el trono tras el asesinato de Servio
Tulio destruyó las tablas en las que se habían grabado los
resultados del empadronamiento, abolió el sistema de las clases y
prohibió las reuniones religiosas a los plebeyos. Forzó al pueblo
para que se finalizaran las obras del Circo, el Capitolio y las
cloacas (Cloaca Máxima). Con esta obra, la más importante de este
reinado, se consiguió definitivamente tras la construcción de
cimientos, colectores y ramificaciones en los lugares más bajos de
la ciudad con un excelente sistema de alcantarillado, que incluso hoy
día persiste en algunos tramos, para que los lodos y aguas
existentes se pudieran canalizar hacia el Tíber y se desecara
completamente la llanura entre las siete colinas. La altura de la
triple bóveda de la cloaca máxima, formada por tres arcos
concéntricos, era de unos veinte pies de diámetro o como decían
los antiguos (Plinio), cabía perfectamente un carro lleno de heno
por la conducción. En cuanto al Capitolio se construyeron cimientos
formando un cuadrado de doscientos pies de lado que hoy día
persisten y comenzó la construcción del primer templo de Júpiter
Capitolino o Jupiter Optimus Maximus gracias al botín
obtenido con la toma de la ciudad de Pomecia y recurriendo a mano de
obra etrusca.
En esta época, las ciudades latinas
se reunían en el templo de Jupiter Latiaris para celebrar la alianza
latina con fiestas y sacrificios, situada en en la cima del monte
Albano ya que desde esta altura se podía dominar todo el Lacio, y
sin que existiera dominio de ninguna de las ciudades. Tarquino logró
el dominio real sobre las demás ciudades imaginamos que gracias a
las armas aunque la tradición no lo indica. Tito Livio nos cuenta
una narración sobre Turno Herdonio de Aricia para salir del paso en
la que nos cuenta que tras la petición de una reunión de los
latinos por parte de Tarquino y su retraso en llegar, Herdonio
propone la disolución de la reunión pero el rey Tarquino consigue
llegar a tiempo. Ante las quejas de Herdonio el ofendido Tarquino
tras posponer la reunión para el día siguiente, introduce armas en
la tienda de Herdonio y le acusa de querer usurpar el poder de todo
el Lacio. Tras la asamblea se condena a Herdonio a morir ahogado en
el agua Ferentina (manantial en el que los latinos celebraron sus
asambleas hasta el año 340 a.c.) y Tarquino puede renovar el tratado
introduciendo claúsulas por las que en todas las expediciones de
guerra de los latinos, el mando correspondería a centuriones
romanos.
Al ser el líder de la confederación
latina, Tarquino el Soberbio conquistó la ciudad de Suesa Pometia
y por añagazas, la ciudad de Gabios gracias a que el hijo
menor de Tarquino, Sexto, haciéndose pasar por traidor a su padre y
refugiándose en esta ciudad, consiguió, tal como nos comenta la
tradición, ser admitido por el pueblo e incitar a la guerra contra
su padre y cuando contó con suficiente confianza por parte de los
principales de la ciudad, traicionó a Gabios matando a todos los
ciudadanos importantes y rindiendo la ciudad a Roma. Otras
tradiciones indican que esta ciudad de Gabios fue absorbida por Roma
políticamente usando las vías de la negociación.
Para asegurar el poder se alió con
otros pueblos y dio a su hija en matrimonio a Octavio Mamilio,
dictador de Tusculum, envió colonos a varios lugares en las
fronteras (como Signia y Circeyos) y poco a poco
consiguió dominar toda la región dando a Roma una amplitud de
dominio que no se igualaría en doscientos años.
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